20 de agosto 2001 - 00:00

Más audacias de Bullrich, ¿pero cuándo se cumplen?

Las empresas tendrán ahora un papel decisivo en la elección de qué sindicato representa a sus empleados. Así lo dispone el Decreto 1.040/01 conocido ayer, firmado por el presidente Fernando de la Rúa el 16 de agosto, y refrendado por los ministros Chrystian Colombo y Patricia Bullrich.

Habrá que ver, sin embargo, si es posible llevarlo a la práctica; es un hecho que la ministra Bullrich viene anunciando medidas progresistas y beneficiosas casi desde su llegada a su cargo -los planes de competitividad, por ejemplo-, pero en la mayoría de los casos estas buenas intenciones no se han traducido en hechos.

La norma dispone en su artículo 3° que «los empleadores podrán promover el procedimiento de encuadramiento sindical ante la Autoridad de Aplicación (la cartera laboral) para que determine la asociación con aptitud representativa en los siguientes supuestos:

* cuando se produzcan en la empresa conflictos de representación múltiple;

* cuando los conflictos de representación sindical pudieran causar en la empresa una alteración de los regímenes salariales o de retenciones de aportes;

* cuando acrediten que, a través del procedimiento de encuadramiento sindical, pueden corregirse eventuales asimetrías laborales o de orden convencional».

En estos casos, la última palabra será del Estado, que determinará quién representará a los trabajadores de esa empresa en particular. En efecto, el artículo 4° dice que
«presentada la petición del empleador (...) si la autoridad de aplicación estimare admisible la solicitud, conocerá en la contienda de representatividad».

Negociación

El último punto del artículo 3° podría destrabar situaciones como la de los concesionarios del Correo Argentino, que vienen sosteniendo prácticamente desde la toma de la empresa que los convenios que rigen la actividad en el ex correo oficial le hacen imposible competir con las empresas privadas, cuya representación ejerce el gremio de los camioneros, en manos de Hugo Moyano.

Es que dicho inciso podría abrir la puerta a una negociación diferente con los cuatro sindicatos que actúan en el ámbito de la empresa que controla el grupo SOCMA, hoy obligada a pagar salarios y a permitir condiciones laborales (licencias, días por «enfermedad», horarios, etc.) totalmente desventajosos -aducen-respecto de las que aplican sus competidores.

Beneficio

De todos modos, es innegable el beneficio del decreto para las empresas, que podrían unificar la representación sindical en su seno, no debiendo en el futuro tener que lidiar con varios gremios que se «pechan» para extraerles más beneficios para sus representados.

El gobierno, por su parte, podrá intervenir en conflictos de representación
«cuando las entidades no se encuentren afiliadas a otra entidad de grado superior o no convergieran en una única entidad de grado superior». Lo que significa que el Ministerio de Trabajo podrá tomar intervención en una disputa cuando la CGT o la federación que agrupe a los dos gremios en disputa no resolviera el diferendo dentro de los sesenta días hábiles, o en el caso de que ambos sindicatos no estén asociadas a una misma federación de segundo grado.

En los considerandos de la norma se explica que la Corte Suprema en un fallo de setiembre de 1996,
«ha dicho que existe un interés claro, concreto y legítimo de la empresa a ser oída, argumentar y a formular peticiones» cuando se trate de dilucidar qué organización toma la representación de su personal.

Aplicación

Desde ya, de aplicarse en toda su extensión, el decreto provocará una mayor ira aún de los sindicalistas «gordos», que vienen manteniendo un duro enfrentamiento con la ministra Bullrich justamente por sus posiciones progresistas. En esta contienda se enmarca la aparición de afiches sin firma en las paredes de la Ciudad recordando el «prontuario» de «Patricia Bullrich Luro Pueyrredón».

Curiosamente, la dispersión sindical se inició durante el gobierno de otro radical,
Arturo Umberto Illia, quien -con la esperanza de licuar el poder de los gremios controlados por el peronismo-permitió la creación de gremios por fábrica y alternativos a los entonces existentes. Así, por caso, nacieron asociaciones como Sitrac y Sitram, que representaban a los trabajadores de las fábricas de Fiat en Córdoba, y que con el tiempo devendrían en bastiones de la izquierda más radicalizada. Otros creados en esa época, en cambio, tomarían rumbos diferentes y terminarían alineados en la corriente que domina el sindicalismo desde la década del cuarenta.

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