20 de junio 2001 - 00:00

Más colesterol: Colombo, al pacto con "gordos" de la CGT

Nadie sabe si Chrystian Colombo llegará al 9 de julio con el compromiso político concluido. Lo consiga o no, seguramente habrá aumentado su nivel de colesterol: el pacto se viene gestionando a fuerza de tiras de asado, empanadas tucumanas y algún chivito de Córdoba. Anoche, por ejemplo, el jefe de Gabinete ingresó, con toda discreción, en el sindicato de trabajadores de la Sanidad, que conduce Carlos West Ocampo. El grupo con el que comió fue seleccionado especialmente: además de West Ocampo, Oscar Lescano, Armando Cavalieri y Luis Barrionuevo. En otras palabras, el corazón de «los gordos».

Para los gremialistas, el encuentro fue providencial. No sólo el oficialismo los necesita, especialmente desde que un grupo de gobernadores se abroqueló alrededor de Carlos Menem. También porque el olor a pólvora que llega desde Salta tiene muy inquieto al gobierno y eso levanta el precio del producto que ellos venden: paz social. Por si faltaba algo, Hugo Moyano decidió sumarse a una marcha sobre la Plaza de Mayo que se realizará mañana, envuelto en la bandera piquetera y vociferando contra «el gobierno represor».

En la mesa de Sanidad, el primer plato estuvo acompañado por el lamento del dueño de casa, quien realizó un plenario de empresas y trabajadores de la salud inquietos por la cesación de pagos parcial en la que ingresó el PAMI, con efecto sobre la estabilidad de todo el sector. Después, se pasó a los comentarios sobre la crisis salteña y varias impresiones sobre los piqueteros, un movimiento más articulado de lo que parecía hace un par de meses.

• Entusiasmo

Colombo comentó sus gestiones en favor del compromiso político y se entusiasmó con los avances que consiguió en Tucumán y Córdoba. Su próxima prueba será mañana: mantendrá una entrevista con Carlos Ruckauf, quien después se reunirá con el Presidente. Es posible que toda la escenografía se monte en Olivos, ya que el gobernador bonaerense no cree de buen gusto retratarse con las autoridades mientras en la Plaza de Mayo el sindicalismo disidente insulta al gobierno. Por lo demás, Ruckauf no sólo se mantuvo ajeno al gesto de los gobernadores del PJ que visitaron a Menem y se conjuraron para no acercarse a la Rosada mientras el riojano esté preso. El bonaerense será el primero en sacarse una foto con De la Rúa, para que quede bien claro que no está de acuerdo con esa postura. Como se vio anoche, tampoco los sindicalistas de la CGT oficial piensan que la prisión del ex presidente merezca suspender sus negociaciones con el poder actual.

Es cierto que entre la Nación y la provincia existe un acuerdo de mutua conveniencia: desde La Plata, se auspician las medidas económicas, y desde el poder central, se contribuyó a evitar una crisis de pago de sueldos y aguinaldos con el reconocimiento de una deuda de 500 millones de dólares. Es una razón más que suficiente para inducir al acercamiento. Los «gordos», anoche, lo entendieron perfectamente. Tanto con Ruckauf como con los sindicalistas, el gobierno procura explorar una vía que permita el reacercamiento del resto de los gobernadores para la suscripción del compromiso político.

En otros campos, los esfuerzos de De la Rúa y su equipo parecen más satisfactorios. Es lo que indicaría el resultado de la comida que se realizó el lunes por la noche en Olivos, con empresarios y dirigentes políticos y sociales del denominado grupo Retiro. Como informó este diario, el Presidente convocó a las principales figuras de su equipo para la ocasión: Colombo, Domingo Cavallo, Patricia Bullrich, Nicolás Gallo. Si no estaba Adalberto Rodríguez Giavarini fue porque esa noche era agasajado en Brasilia por Celso Lafer, a la luz de las velas (en Brasil hay racionamiento energético, como se sabe). Entre los asistentes, hubo bajas de último momento y algunos recién incorporados, que disfrutaron de los canapés con champagne y del lomo asado con ensaladas. Estuvieron Alejandro Bengolea, Eduardo Elsztain, Juan Carr, Eduardo Amadeo, Guillermo Stanley, Horacio Rodríguez Larreta (h), Guillermo Francos, Marcelo Stubrin y Julio Saguier. Tal vez, fue por la presencia de este último, titular de La Nación SA, que decidió arremeter contra los diarios, a los que culpó de castigar en exceso a su gobierno y transmitir con distorsiones las decisiones oficiales. Cavallo, que llegó tarde al encuentro, debió hacerse cargo de este último reproche: «Es verdad lo que dice Eduardo, y por eso, estuve todo el día hablando con Wall Street, para explicar que no hemos devaluado y contestar dudas de los inversores».

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