9 de enero 2002 - 00:00

Mayor riesgo de inflación alta

El pass-through mide el porcentaje del traspaso a precios de la devaluación cambiaria. Cuánto más elevado es el pass-through, menor es la depreciación real que resulta de una devaluación nominal.

Estudios internacionales han identificado como determinantes del coeficiente de pass-through el grado de sobrevaluación del tipo de cambio real, la inflación inicial, el nivel de actividad o fase del ciclo, el grado de apertura y la estructura de precios. A esto podríamos agregarle el grado de credibilidad de las medidas que acompañan a la devaluación, además de otros determinantes de la demanda por pesos.

Sin duda, el determinante más importante es el grado de sobrevaluación real. Cuando es elevado, una depreciación nominal corrige el desfase real y no se traslada a precios. En el caso de la Argentina, estimaciones de Goldman Sachs indican que el tipo de cambio de 1 peso a 1 dólar se encontraba desfasado en 8% a fin de noviembre de 2001. Este moderado guarismo muestra que en la Argentina las empresas ya han realizado un ajuste importante de márgenes mediante la deflación (ya que el tipo de cambio se encuentra fijo). Por eso la sobrevaluación no es tan marcada.

Si se observa el cociente entre precios minoristas y precios mayoristas que podría interpretarse como los márgenes de ganancias de las empresas, ya que los precios minoristas pueden reflejar los ingresos de las empresas mientras que los mayoristas equivalen a los costos, entre 1999 y 2000 su ajuste fue de 5%. La inversa de este índice es considerada como un proxy del tipo de cambio real. Es decir, que este factor muestra escaso margen para absorber la devaluación.

En Brasil este ajuste no comenzó sino después de la devaluación y se realizó mediante la depreciación del tipo de cambio nominal. La inflación inicial muestra el mayor o menor hábito de las empresas de trasladar a precios el incremento de costos. En la Argentina, el actual contexto deflacionario contribuiría a reducir el grado de traslado a precios de la devaluación cambiaria. De la misma manera, es más fácil trasladar a precios en la fase creciente del ciclo que cuando la economía se encuentra en recesión.

Algunas estimaciones ubican el nivel de producto de 2001 al menos 7% por debajo del potencial, lo que indica que no habría excesiva presión sobre los precios por esta vía.
Otro factor importante a considerar es la proporción de precios que ajustan rápidamente ante una depreciación de la moneda. En la Argentina, los precios al consumidor presentan una estructura en donde 52,1% son bienes donde la influencia del dólar es significativa (transables) mientras que 47,9% restante son servicios. Si incluyéramos servicios públicos y contratos de alquileres como precios 'dolarizados' la proporción de transables se elevaría a 63%. En contraste, mientras en la Argentina casi no quedan precios administrados por el gobierno, en Brasil 27% de los precios de la canasta de bienes de consumo lo son. Allí, sólo 46% corresponde a bienes transables.

•Impacto

Es decir que, a partir de estas estructuras de precios y ante un escenario de flotación para la Argentina similar al de Brasil se esperaría un impacto mucho mayor sobre los precios internos al registrado en Brasil que fue de sólo 22,8% (con una depreciación de 127,6%).

Analizando la estructura de costos, una devaluación impacta sobre los precios de bienes finales a través de los bienes de utilización intermedia o de bienes de capital. La proporción de bienes transables en la utilización de insumos intermedios es de 60,1%. Esto hace imaginar también un impacto significativo de la devaluación en los precios de los productos de manufactura nacional.

Y esto nos lleva a otro determinante del coeficiente de pass-through que es el grado de apertura de la economía. Un mayor grado de apertura generaría un superior impacto sobre la inflación ya que habría más cantidad de productos con precios vinculados directamente al mercado externo. La incidencia de las importaciones sobre la demanda de bienes de consumo es de sólo 4,8%. Sin embargo, este porcentaje es mucho mayor para la demanda de bienes intermedios, 10,2%, y más aún cuando se consideran las importaciones para inversión que representan 16,6% del total de inversión. Estos valores mostrarían un fuerte traslado a costos que, dado que la economía ya se encuentra con márgenes empresariales reducidos, se esperaría que se trasladen rápidamente a precios, generando presiones inflacionarias.

En conclusión, el análisis realizado muestra evidencias de que una devaluación en la Argentina poco se asimilaría con la flotación de Brasil, particularmente en términos de inflación.
Aquí uno podría imaginar que por cada 10% de devaluación, la inflación doméstica respondería en algo así como un aumento de 5%, mientras que en Brasil este guarismo fue de 1,79%.

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