Mejor Kirchner y Morales, por ahora (igual gas será más caro)

Economía

El futuro presidente de Bolivia, Evo Morales, visitó ayer a Néstor Kirchner, lo elogió y se fue con la promesa de que el santacruceño asistirá a su asunción, el domingo que viene. Vale el detalle. Tabaré Vázquez, por ejemplo, no irá porque está ofendido ya que el cocalero excluyó a Uruguay en su gira. Si es por los antecedentes del vínculo entre Kirchner y Morales y por los desafíos que enfrentarán en adelante, el encuentro de ayer fue muy bueno. El líder indígena dijo que el presidente argentino «dignifica Latinoamérica» y se excusó de hablar del aumento en el precio del gas. Cuando llegó a La Paz sí lo hizo, ironizando: «Yo no saqué el tema. El que habló de subir el gas fue Taiana. Se ve que quieren tener un desprendimiento con nosotros». Sarcasmo más o menos, el trato entre Kirchner y Morales mejoró mucho ayer. Sobre todo si se tiene en cuenta que el presidente electo de Bolivia estaba irritado porque un asesor de Kirchner colaboró con la campaña de su competidor en las elecciones.

Néstor Kirchner viajará el próximo domingo a La Paz para la asunción de Evo Morales como presidente de Bolivia. Y el líder cocalero vendrá a Buenos Aires, ya en calidad de mandatario, para una visita oficial. Son signos formales, protocolares, de que la relación entre Kirchner y Morales consiguió, por lo menos, encarrilarse. Ya es bastante, si se tiene en cuenta que el uruguayo Tabaré Vázquez informó ayer que no asistirá a la asunción de su colega por haber ignorado al Uruguay en su gira.

El vínculo de Kirchner y Morales está destinado a ser tirante por razones objetivas y subjetivas. Ayer los dos lograron consumar una reunión más que aceptable. El jefe del Movimiento al Socialismo de Bolivia cumplió con el rol que se ha fijado en esta primera gira como presidente electo. Dijo que «Kirchner dignifica a Latinoamérica» y, como en el caso de Lula da Silva en Brasilia, confesó que le pidió consejo. Al santacruceño le preguntó: «¿Cuál es el criterio que hay que seguir cuando se está en duda frente a una decisión?». El propio cocalero citó a su anfitrión: «Hay que estar siempre con el pueblo», me dijo.

• Mente despierta

El criterio de Kirchner fue aplicado de manera previsible por Morales en las horas que siguieron. Afirmó que «habrá que revisar el precio y el volumen de las exportaciones de gas a la Argentina», aunque adelantó que ésa será una negociación que recién llevará adelante cuando esté en funciones su equipo de gobierno.

Ya en La Paz, «el Evo» dio muestras de que detrás de ese aspecto de rousseauniano «bon sauvage» que cultiva para fascinación de los europeos existe una mente despierta. Por ejemplo, cuando le preguntaron si habría un aumento en los precios del combustible que Bolivia le vende a la Argentina, contestó: «El canciller (Jorge Taiana) dijo que tenemos que discutir el tema del precio; es una iniciativa del canciller, yo no planteé nada. Se ve que hay un desprendimiento para discutir el tema del precio de este recurso natural». Fue irónico y astuto Morales con Taiana, por más que desde que ganó las elecciones viene hablando de que «los contratos que hicieron los gobiernos anteriores han sido cuando el barril de crudo estaba a 18 o 19 dólares. Ahora está en más de 60 dólares», como reiteró ayer.

El Presidente y su futuro colega boliviano «se entendieron bien», según hicieron saber dos hombres con despacho en la Casa Rosada. La aclaración es pertinente. No sólo porque el nuevo mandatario indígena no tenía previsto viajar a Buenos Aires sino porque existen algunos detalles verosímiles sobre las razones de su enojo. Quien los provee es uno de sus amigos argentinos, el piquetero Luis D'Elía. «A Néstor lo datearon mal», le explicó ayer el titular de la Federación Tierra y Vivienda a sus íntimos. «Adrián Kaplan, el asesor del Presidente, trabajó con una consultora para el otro candidato, para 'el Tuto' y lo convenció a Néstor de que Evo perdía. Por eso el gobierno jugó cruzado en Bolivia.» Esas frases, que se atribuyen a D'Elía, sólo tienen un error: el asesor que Kirchner compartió con Jorge «Tuto» Quiroga no se llama Kaplan. Lo demás se acerca mucho a la realidad: un consultor que habitualmente frecuenta a Kirchner y al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, participó de la campaña boliviana e intentó instalar argumentos agresivos para el líder cocalero, como que «no es parte de la solución sino del problema boliviano». A ese experto le atribuyen el error del gobierno argentino de no haber recibido a Morales durante la visita que realizó a la anticumbre de las Américas en Mar del Plata. ¿Es posible que el actual presidente electo de Bolivia haya tenido también expectativas insatisfechas respecto de alguna colaboración del kirchnerismo en su carrera hacia el poder? Minucias del dinero.

• Razones

Lo que ahora importa es que Kirchner consiguió salvar los malentendidos. Por más que el trato con Morales está condenado a ser controvertido. Las razones, más allá de las que ya se consignaron, son las siguientes:

• El nuevo presidente de Bolivia está «condenado» a subir el precio del gas, del que el Estado participa con 50% por regalías y, además, por impuestos corrientes. ¿Hasta qué nivel puede elevarse? Pasaría de u$s 3,80 por millón de BTU, que es lo que cuesta hoy, a u$s 6 o 7 por millón de BTU (tampoco hay que calcular cifras exorbitantes como las que pagan los norteamericanos o europeos por un insumo transportado en las mismas condiciones, de alrededor de u$s 12). Morales mismo dejó una salida negociadora ayer al hablar de exportar «más volumen a la Argentina». Eso significa reactivar el proyecto de un gasoducto proveniente desde los yacimientos bolivianos, iniciativa auspiciada por Techint y Repsol que terminó por desvanecerse al fragor de las crisis que se desataron en La Paz durante los últimos dos años.

• Hoy la Argentina importadesde Bolivia 5% del gas que consume. Pero los expertos calculan que un ritmo de crecimiento como el actual elevaría esa proporción, en 2 o 3 años, a 25%. Salvo que, para prescindir del gas boliviano se resuelva aumentar los cortes que se realizan en las transferencias a Chile, con lo cual el conflicto con Morales se reemplazaría por un entredicho con la amiga Michelle Bachelet.

• Quienes interpretaron con mayor astucia los riesgos que introduce en la economía la matriz energética sudamericana han sido los brasileños. Lula da Silva consiguió que, en noviembre, durante la cumbre presidencial de Montevideo, Kirchner firme un protocolo por el cual se les garantiza la provisión de gas a las usinas que generen energía eléctrica destinada al mercado de Brasil. Tengan o no contratos en firme en este momento. El acuerdo no tuvo casi divulgación en la Argentina, pero ¿quién pagará esa garantía en un momento de escasez, sobre todo si se cumplen los pronósticos de sequía en el sur brasileño? ¿Será otra vez Chile? Seguramente Kirchner se hizo la pregunta. ¿O no?

• La reunión de ayer fue aceptable si se tiene en cuenta que la llegada de la izquierda indigenista al poder en Bolivia abre una escena difícil para el gobierno de Buenos Aires. Amenazadas en la propiedad de los recursos que explotan, las empresas con intereses en Bolivia (Repsol, Petrobras, Panamerican) encontrarán más fácil garantizarse la continuidad del negocio sobre la base de aumentar los precios a un consumidor como la Argentina. La primera señal la dio el presidente de Petrobras en Brasil, al recibir a Morales junto a Lula da Silva: «Preferimos perder parte de la ganancia antes que toda la ganancia», dijo José Sergio Gabrielli, refiriéndose a la mayor presión tributaria que recibirá su compañía y que, tarde o temprano, se trasladará a los precios, aunque sea parcialmente.

• Estos planes de ingeniería, más la elaboración de un programa de transferencia tecnológica y de infraestructura que beneficie al país vecino, son parte de la ecuación que deben imaginar los técnicos para que el gas boliviano no se transforme en un motivo crítico en la relación.

• Hay otro factor más de discordia, que a los gobiernos les cuesta acotar. La emergencia en América latina de administraciones de corte populista, pasablemente demagógicas, hace común que los gobernantes orienten toda su política a la satisfacción inmediata de su audiencia, intentando pagar el menor costo posible en el corto plazo. Esa dinámica, que alimenta sentimientos nacionalistas, hace que la región viva un nivel de exaltación desconocido hace poco tiempo: basta mirar el modo en que argentinos y uruguayos resuelven sus problemas ambientales por la radicación de unas papeleras. ¿Qué cabe esperar de una crisis por gas?

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