Mejor Kirchner y Morales, por ahora (igual gas será más caro)
El futuro presidente de Bolivia, Evo Morales, visitó ayer a Néstor Kirchner, lo elogió y se fue con la promesa de que el santacruceño asistirá a su asunción, el domingo que viene. Vale el detalle. Tabaré Vázquez, por ejemplo, no irá porque está ofendido ya que el cocalero excluyó a Uruguay en su gira. Si es por los antecedentes del vínculo entre Kirchner y Morales y por los desafíos que enfrentarán en adelante, el encuentro de ayer fue muy bueno. El líder indígena dijo que el presidente argentino «dignifica Latinoamérica» y se excusó de hablar del aumento en el precio del gas. Cuando llegó a La Paz sí lo hizo, ironizando: «Yo no saqué el tema. El que habló de subir el gas fue Taiana. Se ve que quieren tener un desprendimiento con nosotros». Sarcasmo más o menos, el trato entre Kirchner y Morales mejoró mucho ayer. Sobre todo si se tiene en cuenta que el presidente electo de Bolivia estaba irritado porque un asesor de Kirchner colaboró con la campaña de su competidor en las elecciones.
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Néstor Kirchner y Evo Morales
• Razones
Lo que ahora importa es que Kirchner consiguió salvar los malentendidos. Por más que el trato con Morales está condenado a ser controvertido. Las razones, más allá de las que ya se consignaron, son las siguientes:
• El nuevo presidente de Bolivia está «condenado» a subir el precio del gas, del que el Estado participa con 50% por regalías y, además, por impuestos corrientes. ¿Hasta qué nivel puede elevarse? Pasaría de u$s 3,80 por millón de BTU, que es lo que cuesta hoy, a u$s 6 o 7 por millón de BTU (tampoco hay que calcular cifras exorbitantes como las que pagan los norteamericanos o europeos por un insumo transportado en las mismas condiciones, de alrededor de u$s 12). Morales mismo dejó una salida negociadora ayer al hablar de exportar «más volumen a la Argentina». Eso significa reactivar el proyecto de un gasoducto proveniente desde los yacimientos bolivianos, iniciativa auspiciada por Techint y Repsol que terminó por desvanecerse al fragor de las crisis que se desataron en La Paz durante los últimos dos años.
• Hoy la Argentina importadesde Bolivia 5% del gas que consume. Pero los expertos calculan que un ritmo de crecimiento como el actual elevaría esa proporción, en 2 o 3 años, a 25%. Salvo que, para prescindir del gas boliviano se resuelva aumentar los cortes que se realizan en las transferencias a Chile, con lo cual el conflicto con Morales se reemplazaría por un entredicho con la amiga Michelle Bachelet.
• Quienes interpretaron con mayor astucia los riesgos que introduce en la economía la matriz energética sudamericana han sido los brasileños. Lula da Silva consiguió que, en noviembre, durante la cumbre presidencial de Montevideo, Kirchner firme un protocolo por el cual se les garantiza la provisión de gas a las usinas que generen energía eléctrica destinada al mercado de Brasil. Tengan o no contratos en firme en este momento. El acuerdo no tuvo casi divulgación en la Argentina, pero ¿quién pagará esa garantía en un momento de escasez, sobre todo si se cumplen los pronósticos de sequía en el sur brasileño? ¿Será otra vez Chile? Seguramente Kirchner se hizo la pregunta. ¿O no?
• La reunión de ayer fue aceptable si se tiene en cuenta que la llegada de la izquierda indigenista al poder en Bolivia abre una escena difícil para el gobierno de Buenos Aires. Amenazadas en la propiedad de los recursos que explotan, las empresas con intereses en Bolivia (Repsol, Petrobras, Panamerican) encontrarán más fácil garantizarse la continuidad del negocio sobre la base de aumentar los precios a un consumidor como la Argentina. La primera señal la dio el presidente de Petrobras en Brasil, al recibir a Morales junto a Lula da Silva: «Preferimos perder parte de la ganancia antes que toda la ganancia», dijo José Sergio Gabrielli, refiriéndose a la mayor presión tributaria que recibirá su compañía y que, tarde o temprano, se trasladará a los precios, aunque sea parcialmente.
• Estos planes de ingeniería, más la elaboración de un programa de transferencia tecnológica y de infraestructura que beneficie al país vecino, son parte de la ecuación que deben imaginar los técnicos para que el gas boliviano no se transforme en un motivo crítico en la relación.
• Hay otro factor más de discordia, que a los gobiernos les cuesta acotar. La emergencia en América latina de administraciones de corte populista, pasablemente demagógicas, hace común que los gobernantes orienten toda su política a la satisfacción inmediata de su audiencia, intentando pagar el menor costo posible en el corto plazo. Esa dinámica, que alimenta sentimientos nacionalistas, hace que la región viva un nivel de exaltación desconocido hace poco tiempo: basta mirar el modo en que argentinos y uruguayos resuelven sus problemas ambientales por la radicación de unas papeleras. ¿Qué cabe esperar de una crisis por gas?




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