Mentiras del gobierno sobre la deuda externa
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El punto central es en realidad que mientras el gobierno llena sus presentaciones de términos rimbombantes como «maximizar la capacidad de pago en el largo plazo», «reducir el sobreendeudamiento para generar un círculo virtuoso de las variables macro», «modelo de creación de valor», «deuda insostenible», «previsibilidad» y demás, el gasto público primario (Nación + provincias) va a aumentar $ 15.000 millones en 2003 y otros $ 9.000 millones en 2004 cerrando una suba de $ 24.000 millones en 2 años (+30%) para que el nivel termine siendo el mayor de la última década y como hay equilibrio fiscal, la presión impositiva es cada vez más salvaje y distorsiva. Esto algún día puede afectar negativamente la recuperación económica, así como durante la convertibilidad, el endeudamiento menemista hizo estallar el dólar a $ 1 diez años después.
Lo que el gobierno debería hacer ya (en vez de lo que está haciendo) a partir de un superávit fiscal de 2,5% del PIB, es bajar impuestos, empezando por la eliminación de impuestos distorsivos como las retenciones y el impuesto al cheque y seguir luego con los demás. Pero no. Cada vez que aumenta la recaudación, aumenta el gasto público y cuando algún defensor de los intereses de los acreedores le dice «si podés gastar más, pagá más deuda» ahí el gobierno contesta «ok, pero entonces elimino AFJP o genero conflicto social bajando el gasto en el Plan Jefas y Jefes o subo impuestos» y la discusión se vuelve sumamente perversa e hipócrita porque es obvio que si se quiere pagar más deuda externa, después de que cada vez que aumentó la recaudación también aumentó el gasto público, el gobierno se sentirá con el derecho de manipular la realidad y decir «ah, entonces chau Fondos de Pensión o chau Plan Jefas y Jefes u hola a más impuestos».
Dada entonces la supuesta imposibilidad de aumentar el superávit primario no quedaría otra alternativa más que hacerle una quita feroz al acreedor externo. La pregunta entonces es si incluir o no a organismos internacionales como el FMI también en la misma bolsa. El FMI es el segundo culpable, después de la Argentina, del desastre en el cual terminó la convertibilidad porque como auditor con «cama adentro» en nuestro país bendijo durante una década un plan totalmente incoherente desde lo técnico y éste es el argumento más fuerte que los acreedores extranjeros privados están encontrando para presionar para que el FMI quede adentro de la quita de la deuda.
Sin embargo, hay un argumento en contra para que el FMI sufra una quita: los prestamistas de última instancia no sufren pérdidas de capital justamente para que haya alguien que preste mientras todos huyen y de esa manera el colapso sea manejable ¿Fue el FMI prestamista de última instancia en 2001? Sí, aumentó su exposición poniendo cash sobre la mesa por u$s 10.000 millones netos en 2002 cuando casi todo el mundo fugaba de la Argentina todo lo que podía (incluso el mismo presidente Kirchner durante el Tequila, 6 años antes, se llevó afuera el dinero de las regalías de Santa Cruz). Así que «los organismos cobran sin quita por presión de los gobiernos de los países poderosos», como sostiene el ministro de Economía Roberto Lavagna, es una afirmación totalmente falsa si hablamos del FMI y muy discutible en el caso del BIRF y el BID porque por lo menos no disminuyeron significativamente su exposición en la Argentina ni aún en medio de la peor crisis de la historia de nuestro país.
El planteo del gobierno de canjear deuda por educación directamente no tiene desperdicio. Si la Argentina estuviera pagando la deuda puntualmente y lográramos ingresar al programa, nuestro país dejaría de pagarle al bonista alemán, italiano, sueco, americano, etc. que tiene papeles de deuda del gobierno y pasaría a deducir el monto del servicio de la deuda de los impuestos que tiene que pagarle al Estado en Alemania, Italia, Suecia, EE.UU., etc. Así, el fisco del país beneficiado con el programa mantiene congelado el total del gasto público y al mismo tiempo puede aumentar el gasto público interno (gasto primario), bajando la transferencia de recursos al exterior para el pago de la deuda externa. El fisco del país en el cual está el acreedor privado de la Argentina es el que termina «pagando», con menos recaudación, el mayor gasto en educación de nuestro país.
La sutileza de la cual el ministro de Educación «no se dio cuenta» es que la Argentina, al no estar pagando la deuda y pretender al mismo tiempo ingresar al sistema de canje de deuda por educación, está pidiendo en definitiva aumentar el gasto público y nada más.
Típica «viveza criolla». Si el programa está diseñado para países africanos bien pobres con la idea de mantener el gasto constante con cambios en la composición, los «piolas» argentinos de ingresos medios lo usamos para aumentar el gasto público mucho más de lo mucho que ya lo estamos haciendo. El ministro de Educación, Daniel Filmus, no tiene criterio de realidad. No es serio que proponga un canje de deuda por educación un país que, en plena vigencia de la democracia como fue la década del 90, se endeudó externamente porque quiso aprovechando la abundancia de crédito internacional (en cantidades tan impresionantes que terminó realizando el default más grande de la historia humana y que además le propone al acreedor como forma de pago la teoría del «alpiste», o sea, perdiste. Hay un viejo dicho: «La mentira tiene patas cortas». No parece ser así en este «vergel» llamado Argentina.
Colaboró el licenciado Gastón Amorós.




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