Han pasado tres días sin rueda y parecen un millón. Si marzo fue el mes de la gran baja, abril se está perfilando como el más difícil en lo que va del año. En gran medida esto tiene que ver con el inicio de la temporada de reporte de ganancias que a partir de hoy se lanza de lleno sobre el mercado. Pero también está relacionado con un hecho que escapó a la atención de muchos: a pesar de la incipiente recuperación de los últimos días, el mercado sigue registrando niveles récord de ventas en descubierto. Si bien esto impone una línea descendente de largo plazo, también sirve para que ante cualquier exceso (de acuerdo con lo que postula la teoría), se precipiten cortos pero significativos movimientos alcistas, mientras que los inversores saltan a cubrir posiciones para evitar la liquidación de todas sus tenencias. Esto fue el colofón del mercado lateral que se inició hace poco casi dos años y en el cual difícilmente el Promedio Industrial caía más allá de los 10.500 puntos, y con igual dificultad trepaba por encima de los 11.000 (a pesar de alcanzar el máximo de su historia allá por enero de 2000), reflejando la gran incertidumbre reinante. Si bien las últimas jornadas quedó la sensación que de alguna manera se pudo hacer oídos sordos a los malos anuncios de las empresas, aún falta bastante para que volvamos a orillar aquella zona de amesetamiento. Ni qué hablar, entonces, de un mercado verdaderamente alcista. Si bien es cierto que nos alejamos de la zona de osos (cuando el Dow rozó los 9.000 puntos, retrocediendo casi 20% desde el máximo histórico), en la que caímos casi sin darnos cuenta, hay quien ve la mejora del corriente mes como una mera reacción de aquel susto. Es cierto que un mercado puede subir aun con empresas perdidosas o con ganancias en retroceso. Incluso puede ganar terreno en períodos recesivos, o de suba de tasas. Pero cualquiera de estos fenómenos obligan a volcarse más del lado de la prudencia que del exitismo. El problema de fondo es que hoy por hoy, las fuerzas entre quienes ven las cosas negras y quienes las ven de color rosa están parejas (no hay que dejarse engañar por el día a día). A esto se suma, o mejor dicho, esto es el pasto para alimentar una confusión como pocas veces se ha visto. Si se quiere un ejemplo, basta ver el más tradicional de los indicadores de valuación de acciones (no juzgamos aquí si sirve o no), el radio precioganancias. Para la gente de «Bloomberg» es de 33, mientras que para los de «Reuters» gira en torno a 12. Si bien es cierto que esto es el producto de distinta manera de ver las mismas cosas, no deja de ser sintomático de los tiempos que estamos viviendo. Consejo: no abandone el casco.
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