Diálogos de Wall Street

Economía

Wall Street habilitó libro de quejas. ¿Cuáles son las preocupaciones que se anotan allí? Nos explica Gordon Gekko, el veterano hombre de mil batallas.

Periodista: ¿Wall Street se transformó en el Muro de los Lamentos?

Gordon Gekko: No es para tanto. Veníamos mal acostumbrados. Demasiado frenesí alcista. El mercado bajó un cambio. Tendrá una avalancha de nueva información que procesar. Es una decisión oportuna. Le espera la reunión de la Fed, muchos balances importantes, la discusión por el nuevo paquete de estímulo. Y lo incomoda muy poco la política y mucho el covid-19, que es insoportablemente tenaz.

P.: El rally de las tecnológicas tuvo que desensillar...

G.G.: ¿No era lo que se pedía? Moderación. Bien, el último mes subieron más las compañías que prestan servicios públicos.

P.: La duda era si el avance de la Bolsa podía sustentarse sin la participación de las superestrellas tecnológicas. Y la respuesta es…

G.G.: Que sí, que no, y que tal vez. El mercado, en las últimas dos semanas, si uno pondera por igual las 500 acciones del índice S&P, está plano. Dado lo mucho que subió, nada mal. La incertidumbre por la multiplicación de nuevos focos de coronavirus, en todas partes, inclusive en países que manejaron la primera oleada de forma impecable, es una mochila que no impide escalar pero que a la larga quita piernas. Y el ascenso, no se olvide, se produce en un entorno de alta volatilidad muy persistente. Toda la suba transcurre con una lectura de VIX superior a 25.

P.: Es como un hipertenso corriendo cuesta arriba...

G.G.: Y demasiado deprisa. Esta pausa, y ver los balances y los indicadores económicos más frescos, nos dejará saber si los fundamentos nos acompañan aunque sea a distancia, o si se perdió la conexión. Hoy (por ayer), las novedades de 3M y Mc Donald´s obligaron a rebajar sus cotizaciones.

P.: Nos enteramos también de un retroceso de la confianza del consumidor en julio. Una caída fuerte.

G.G.: Después de un gran salto en junio.

P.: ¿Cuál es el mensaje? ¿Es un empate?

G.G.: No. El consumidor confirma una mejoría en su situación presente. Lo que se nubló es el horizonte. Y de una manera significativa en Michigan, Florida, Texas y California.

P.: Como para que no queden dudas sobre lo corrosivo que puede ser el coronavirus cuando uno ya se cree a salvo y ataca por la espalda.

G.G.: Tal cual. No por mucho madrugar (y levantar la cuarentena) se amanece más temprano. El consumidor duda más que en junio sobre las perspectivas de la economía y del mercado laboral.

P.: En buena medida será porque los programas de emergencia, que aportaron ingresos a los más perjudicados, están a un tris de agotarse. Y si bien se van a renovar, su contribución se reducirá.

G.G.: Estamos todavía en plena pelea. Contra reloj. Los republicanos proponen un paquete de un billón de dólares que nos puede parecer chico, pero es más grande que el Plan Tarp, el que en la crisis de Lehman permitió capitalizar a los bancos y rescatar la economía real.

P.: Es verdad, pero también es cierto que habrá que ajustar el cinto. Los desempleados que recibían 600 dólares semanales de beneficios extra (por encima del subsidio estadual) pasarán a cobrar 200 por los próximos dos meses. Y luego obrará otra reducción.

G.G.: Será un recorte para unos 31 millones de beneficiarios: 17 millones que reciben subsidios estaduales y otros 14 millones que están asistidos por los programas de emergencia pandémica. Es natural que vean el futuro con preocupación creciente.

P.: ¿Y qué podrá hacer la Fed?

G.G.: Por de pronto ya anunció que sus facilidades crediticias especiales, que terminaban en septiembre, se extienden hasta fin de año. Y el programa para apuntalar el mercado de deuda de corto plazo (commercial papers) se estira hasta el 31 de marzo.

P.: Todas las señalas son de mayor liquidez por más tiempo. ¿Alcanza?

G.G.: El discurso siempre se puede reforzar. La Fed puede estrenar un nuevo enfoque para la aplicación de su estrategia de metas de inflación que está en carpeta. Puede innovar con un objetivo de control de la curva de rendimientos. Sobre todo, si quiere llamar la atención. O puede pensar que el dólar débil le está haciendo el trabajo sin que se note que su mano mece la cuna. Y no descarte que Jay Powell vuelva a bregar por una política fiscal más activa como instrumento ideal.

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