Ashmore, el nuevo malo que retrasa un acuerdo

Economía

El Gobierno tendió los puentes necesarios con BlackRock para reestablecer conversaciones productivas, tiene un dialogo razonable con los tenedores de los bonos lanzados durante el kirchnerismo y casi cerrado un acuerdo con los fondos friendly de Fintech, Gramercy y Greylock. Pero ahora, en el largo camino de la negociación por la deuda emitida bajo legislación internacional, surgió un nuevo frente duro: la posición de Ashmore Group, que se transformó en el nuevo enemigo de un acuerdo y que detenta unos u$s1.000 millones en bonos locales en reestructuración.

Este fondo de inversiones forma parte del Grupo Ad Hoc, liderado por BlackRock y Fidelity, y acompañaba hasta ahora la posición más dura de la casa dirigida por Larry Fink. Sin embargo, alertados por la visible versión más dialoguista de BlackRock, endurecieron esta semana su posición, convirtiéndose ahora en el enemigo del acuerdo. Quedó claro ayer, Ashmore no aceptaría ninguna oferta que baje del 55% de Valor Presente Neto (VPN) de los bonos a canjear, sino que considera como imprescindible para que la propuesta de Martín Guzmán sea aceptada, que se elimine la “cláusula antibuitre” de los títulos a emitir y que se les otorguen los mismos beneficios legales que continuarían manteniendo los bonistas que tomaron deuda emitida durante los gobiernos kirchneristas. Ambas posiciones ya estarían siendo negociadas por BlackRock y continuarían siendo negadas por Ashmore, con lo que el grupo AdHoc podría partirse. Al menos esto se especulaba ayer entre los negociadores de los acreedores.

La posición irreductible de Ashmore se basa en un argumento que se repitió varias veces durante las negociaciones del último mes. Si bien reconocen los fondos de inversión que la eliminación de la “cláusula antibuitre” con que se emitieron los bonos durante el gobierno de Mauricio Macri, son un capítulo habitual desde 2014 en adelante; la condición de “deudora recalcitrante” de la Argentina los obliga a reclamar derechos más rápidos más ejecutivos ante nuevos y “esperables” default del país en el futuro. “No le pediríamos esto a ningún otro Estado que necesite reestructurar su deuda. Sólo lo hacemos en el caso argentino por su pésima fama”, repitieron en las últimas horas los abogados de Ashmore.

Su posición dura forma parte del historial de la casa. Se trata de un fondo de inversión con sede en Londres, pero creado en 1992 a partir de un desprendimiento del Australian y New Zealand Banking Group, uno de los bancos históricamente más conservadores del sistema financiero internacional. La radicación en Londres se debió a la alternativa de abrir las inversiones a mercados emergentes, una posibilidad prohibida por las duras leyes previsionales de Australia y Nueva Zelanda. Sólo abriendo una casa de inversiones en Londres y bajo las normas del Commonwealth, el dinero de los futuros y actuales jubilados de esos mercados de Oceanía podrían apostar por mercados en desarrollo. Ashmore creció en Londres con una imagen conservadora y maneja a marzo de 2020 unos u$u76.000 millones. Cotiza en el Stock Exchange y apuesta en unos 60 mercados diferentes. A la Argentina llegó de una manera curiosa.

Ashmore mantiene una posición fuerte en Colombia a través de Ashmore Andino, convirtiéndose en el principal fondo de inversión extranjero en ese país. La experiencia colombiana resultó más que provechosa para Ashmore durante más de una década, lo que llevó a la conducción londinense a pensar en otros mercados latinoamericanos. Se repitió en Perú la misma experiencia positiva; lo que llevó a pensar, en 2016, que América Latina era una región donde hacer la diferencia en dólares tan esperada por sus clientes.

La fórmula funcionó hasta que en las oficinas de Ashmore Andina sonaron en 2016 los teléfonos con llamadas provenientes de bancos internacionales radicados en Argentina, ofreciendo parte de la nueva familia de títulos públicos que el gobierno de Mauricio Macri comenzaría a emitir aceleradamente. Durante un tiempo Ashmore estaba conforme, hasta que llegó la mala hora y la posterior debacle. Desde el segundo semestre del 2018, comenzó el desmantelamiento de las posiciones de Ashmore en toda la región.

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