Hugo Moyano verá de nuevo hoy a Néstor Kirchner y podrá garantizarle un Comité Central Confederal oficialista para el día siguiente. Los secretarios generales de todos los gremios aceptarán que casi ninguna de sus demandas fueron satisfechas pero delegarán en el Consejo Directivo la continuidad en la negociación. La docilidad que encontró en sus colegas más experimentados, no la consiguió en casa: su hijo Pablo sigue desbocado en la discusión de la paritaria. Es posible que termine adecuándose a las expectativas del gobierno y admita sólo 15% de aumento. Pero tal vez sea la última oportunidad para un final feliz.
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Se levantaban apuestas anoche entre los sindicalistas de los principales gremios argentinos alrededor de las incógnitas del día que explicaban la pacificación sindical que hoy el camionero ofrecerá en el altar de Kirchner. Afectos al azar desde antaño, debían acertar una trifecta los capitostes de la CGT: 1. ¿Dónde se reunieron Hugo Moyano y Luis Barrionuevo durante la mañana? 2. ¿Qué le ofreció el camionero al gastronómico para sedarlo del modo en que lo hizo? 3. ¿Cuándo le va a cumplir? La pregunta tres es la más inquietante: si había una razón para que el Comité Central Confederal de mañana planteara algún conflicto respecto del gobierno era la indiferencia de Moyano hacia Barrionuevo. En efecto, de los tres dirigentes que apoyaron en su llegada a la conducción al secretario general de la CGT, sólo el jefe de los gastronómicos seguía hasta ayer a la intemperie de la política oficial. Los demás, con sus más o con sus menos, habían recibido la contrapartida que corresponde a su disciplina: Gerardo Martínez ( Construcción), en el terreno de la vivienda; Andrés Rodríguez (UPCN) con un convenio colectivo que le deja una tajada inédita de la nómina salarial al sindicato. Barrionuevo, mientras tanto, durmió sin techo, al tiempo que Moyano seguía arrancándole beneficios al gobierno.
Lo que comenzó en Catamarca -con aquellos huevos contra Cristina Kirchner que el Presidente siempre le imputó a «Luisito»- tal vez termine en Catamarca. Por eso anoche se procuraba detectar el contenido de la charla que mantuvo el gastronómico con Juan Carlos Mazzón, encargado del Poder Ejecutivo de la política oficial en esa provincia donde Barrionuevo se empeña elección tras elección. Misterios del norte. Lo cierto es que hoy el diputado catamarqueño defenderá a Moyano en un almuerzo con «los gordos», quienes le siguen recelando.
Transformación
Mientras los gremialistas seguían haciendo conjeturas sobre la dimensión del valium que Moyano le aplicó a Barrionuevo (¿lo llevará hoy al encuentro con Kirchner?, ¿o ya lo llevó?), el Comité Central Confederal de mañana se fue transformando en algo más calmo que una misa. Por la mañana, en su propio gremio, el gastronómico aplacó a las fieras a las que él mismo había cebado durante la semana anterior. Para eso fue clave Reynaldo Hermoso, su escudero de siempre: «Nada de llevar los problemas a otros cuerpos orgánicos; los que tengamos con Moyano hay que arreglarlos en el Consejo Directivo». Como se ve, el químico también había « cobrado». O, por lo menos, contaba con un cheque de pago diferido, por decirlo metafóricamente.
Por la tarde, allí donde iba a arder Troya, predominó la reconciliación y la paz. Tanta, que Moyano no necesitó siquiera ir a la reunión de «mesa chica» donde se programaría el «confederal» de mañana. Le bastó con enviar a Juan Manuel Palacios para dar excusas delante de Barrionuevo y los demás auxiliares en su llegada al poder. El tenía que atender a un rebelde verdadero, su hijo Pablo. C.P.