4 de enero 2002 - 00:00

Muy fuerte discusión por las medidas para anunciarlas hoy

En el gabinete y en el Ministerio de Economía se discutieron ayer y continuaba esta madrugada las medidas para estructurar un plan económico «sustentable» -como quiere el Fondo Monetario si es que se espera ayuda- para anunciarlo hoy y que lo lleve a Washington el titular del ministerio, Remes Lenicov, en los próximos días. Las repercusiones que pueda tener el plan en la población es lo que más preocupa al gobierno y no deja de ser lamentable: cualquier plan en la situación actual va a provocar los cacerolazos porque no hay forma de conformar a todos en esta crisis.

Un gobierno designado y no electo se siente además más débil para encarar protestas públicas. Más todavía cuando se extiende y analiza que el relevo presidencial obtenido fue una hábil maniobra del «club bonaerense» que sorprendió al país. Remes Lenicov hasta ahora se mantiene firme. Discute el proteccionismo extremo de Ignacio de Mendiguren, ministro de Producción. Pidió el alejamiento de Rodolfo Frigeri, duhaldista, señalado como ejecutor del enorme desequilibrio fiscal y casi quiebra de la provincia de Buenos Aires y de su banco precisamente a partir de que el actual ministro de Economía abandonó la gobernación de Duhalde. Pidió al que «conozca y sepa» sobre el hoy jaqueado Banco Nación y retornó Enrique Olivera, único delarruista. Hay dos radicales, Jorge Reynaldo Vanossi y Horacio Jaunarena, y el frepasista «Juampi» Cafiero. El logro de Remes, hasta ahora, es que no le politizan desde el populismo el sector económico.

Las medidas -aunque se sigue dudando- ya son conocidas, eran obvias y las adelantó Ambito Financiero ya al momento de la renuncia de Fernando de la Rúa. Doble mercado cambiario con un ineludible «mercado oficial» a $ 1,35 por dólar (exportadores deberán liquidar sus divisas a esta cotización y sólo estará disponible para importaciones esenciales como medicamentos) y uno libre o paralelo que ayer estaba en $ 1,45. Devaluación consiguiente en estos porcentuales. Plazos fijos en dólares serán retenidos un año a tasa de 2% anual, similar a la norteamericana. Plazos fijos en pesos se podrán transferir a otras cuentas pero siempre dentro del «corralito». Pesificación de alquileres y todos los contratos privados por 180 días y luego las partes deberán renegociar. Intento de bajar las tasas de interés a 7%/8% para créditos y un enigma sobre qué hacer con una economía real sin cadena de pagos, sin acreditación de cheques (recién ayer los depositados el 21 de diciembre), comienzo de escasez de productos e insumos de importación, remarcaciones a nivel de la devaluación esperada. Retención para las exportaciones petroleras para recaudar u$s 1.000 millones. Se estudiaban dos alternativas anoche para las deudas en dólares. Una simplemente era pesificarlas pero limitada a los créditos de personas y PyMEs hasta u$s 100.000. La otra opción era pesificarlas al cambio de $ 1,35 y obligar a bancos a bajar tasas y a estirar plazos. Pero el análisis de las múltiples y variadas consecuencias es lo que lleva tiempo. Tantas son las consecuencias a analizar que ayer en el gobierno hasta se pensó en volver a la convertibilidad y no devaluar. Duhalde se lo impuso a Lenicov «porque lo anuncié en el discurso».

Tampoco se descarta la dolarización a mediano plazo, bastante justificada técnicamente aún hoy pero hiere espiritualmente a Duhalde y a sus principales socios radicales Raúl Alfonsín, «Fredi» Storani y Leopoldo Moreau. Ni hablar de la izquierda también incluida en el «club bonaerense» y con J. Cafiero incorporado al gobierno. También se hablaba ayer de poner «precios máximos», de la época de Raúl Alfonsín con su funcionario Ricardo Campero y antes con José Gelbard y Miguel Revestido en el peronismo de los años '70. Sería para «productos críticos y oligopólicos (fabricados por pocas empresas, como en los combustibles). Tendrá que llegarse a usar la aún vigente «Ley del agio y la especulación», de los años '50, llamada Ley de abastecimiento para sancionar comerciantes y productores que alteren los «máximos» o los vendan en negro debajo del mostrador.

Se robustece la impresión de que no era momento -si alguna vez lo fue- para un gobierno duhaldismo, alfonsinismo más izquierda.

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