Nueva York (EFE) - Napster, la firma que sacudió la industria discográfica desde Internet y que llegó a contar con más de 80 millones de suscriptores, cerró ayer un capítulo de la historia de la Web al declararse en bancarrota para protegerse de sus acreedores. La compañía, que fue declarada culpable de violar la ley de derechos de autor después de revolucionar el mundo de la música con su servicio de intercambio gratuito de canciones por Internet, solicitó la protección del Capítulo 11 de la Ley de Bancarrota de Delaware, por lo que será administrada por un juez. La declaración (el equivalente en la Argentina a un concurso preventivo de acreedores) es parte del acuerdo al que los directivos de Napster llegaron el 17 de mayo pasado con el segundo grupo de comunicación y prensa más grande de Europa, el alemán Bertelsmann, para ser adquirida por u$s 8 millones. Según los documentos presentados al juez, Napster cuenta actualmente con activos valorados en tan sólo u$s 7,9 millones, mientras que sus deudas sólo con el grupo Bertelsmann ascienden a u$s 91 millones. «Los costos extraordinarios asociados con el diseño de un nuevo servicio de pago y nuestra defensa legal terminaron con las reservas monetarias de Napster», explicó su directora financiera Carolyn Jensen, durante las diligencias judiciales. Agregó que, a pesar de los despidos realizados por la empresa en los últimos meses - actualmente, sólo cuenta con 18 empleados-, ha sido imposible evitar la crisis de liquidez, sobre todo porque no logró sacar al mercado un nuevo servicio de música.
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El director ejecutivo y fundador de la compañía Konrad Hilbers abandonó la empresa el pasado 14 de mayo, tres días antes de que la corporación aceptara la última oferta de adquisición por parte de Bertelsmann, que aún requiere la aprobación judicial. El plan del grupo alemán es utilizar Napster para el desarrollo de su propio servicio de música digital, algo que ya buscó en octubre del año 2000, pero que no se concretó por la oposición de algunos de los principales accionistas de la empresa.
Bertelsmann, un gigante que incluye, entre otras, a la discográfica BMG, había prestado a Napster u$s 85 millones para que desarrollara un servicio de suscripción «legal», lo que implicaba perder su condición de gratuito. Hace poco más de un mes, la compañía alemana ofreció pagar u$s 16,5 millones a cambio de asumir el control total de Napster, pero el Consejo de Administración lo rechazó, en parte porque no se aceptó la condición de indemnizar a dos grandes accionistas contra posibles demandas de grandes compañías discográficas. Poco después, Bertelsman rebajó su oferta hasta los cinco millones para luego mejorarla hasta los ocho millones de dólares. Napster dejó de operar en julio pasado a causa de una orden judicial que prohibía que continuase con el intercambio gratuito de música sin disponer de los derechos de propiedad de las canciones, y se le prohibió incluso lanzar un servicio de pago hasta que no eliminara todas las canciones que no estuviera autorizada a vender.
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