Negocia Solá que Kirchner destrabe fondos prometidos
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Felipe Solá
Y no es una cifra menor ni fácilmente manejable: el rojo asciende a 1.600 millones, que equivale a casi dos presupuestos del área de seguridad. Así y todo, en La Plata hay buena expectativa, producto de una combinación entre elementos técnicos, fríos, y evaluaciones políticas. Veamos:
• De los 2.300 millones de pesos que debe destinar la provincia a pagos de deuda ( podrían ascender, como mucho, a 2.400 millones), hay 1.700 millones que corresponden al Programa de Financiamiento Ordenado (PFO). Es decir: son pagos que Buenos Aires debe realizar al gobierno nacional (en rigor, son descuentos que hace Nación sobre la coparticipación). El resto está conformado por compromisos con organismos multilaterales de crédito, pagos que la provincia no interrumpió. Según entienden los bonaerenses, si Nación refinancia total o parcialmente los pagos correspondientes al PFO, la provincia lograría cerrar sus números. Si no lo consigue, deberá ajustar su gasto o, una vez más, exprimir la recaudación fiscal. Buenos Aires no es, justo es decirlo, el único distrito que enfrenta una situación con este dilema. Técnicamente, Kirchner y Lavagna tienen un atajo para auxiliar a Solá. No es el único. También hay reembolsos pendientes por compromisos previsionales y hasta una promesa no escrita de girar 100 millones para seguridad de los cuales hasta ahora sólo se enviaron 30 millones.
• A pesar de la cautela técnica,en el ala política hay optimismo porque desde hace dos meses el vínculo entre Kirchner y Solá atraviesa un idilio. Su trato se endulzó, compartieron una caravana de mitines políticos por el conurbano y sus contactos se hicieron más fluidos. Marca una diferencia con mediados de año, cuando Solá salió a reclamar más coparticipación y generó una reacción de Kirchner. Ahora, a simple vista, los recelos y las dudas mutuas se diluyeron. Al punto de que el felipismo proyecta que en 2005, cuando se deba negociar la redacción de las listas legislativas nacionales y provinciales, Kirchner y Solá actuarán como aliados. Otro dato que sirve como indicador de esa empatía: finalmente, se logró crear un puente en la segunda línea que, periódicamente, asfaltan el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el ministro de Gobierno bonaerense, Florencio Randazzo. Pero como reza el dicho callejero -que suele repetir un funcionario de línea directa con Solá-: «El amor no existe; existen las pruebas de amor». Y ésa es la comprobación tras la cual va Solá: convertir su sintonía política con Kirchner en un hecho concreto que signifique un respiro financiero para la provincia, nada más y nada menos que en un año electoral como 2005.




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