8 de enero 2002 - 00:00

Ningún avance para renegociar tarifas

La reunión entre el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, y un grupo de compañías privatizadas generó alguna frustración en los directivos empresarios que participaron y tenían la expectativa de que la renegociación de los contratos empezara a encauzarse ya.

Pero el encuentro habría surgido de un pedido de audiencia del Instituto Argentino de Servicios Públicos, integrado en su mayoría por justicialistas que ocuparon y aún ocupan posiciones en los entes reguladores. La reunión no podía además implicar avances porque el domingo ya el ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, indicó que formará una comisión, aparentemente en la órbita del Palacio de Hacienda, para encarar la revisión de los contratos.

El encuentro convocó sobre todo a empresas energéticas. Es seguro que participaron el presidente de Edesur, José María Rovira, el de Edenor, Fernando Ponasso, el titular de la Asociación de Generadores Eléctricos, Ernesto Badaraco, y los directivos de Transportadora de Gas del Sur, Gasnor, y Transener. Otras empresas, como MetroGas, afirmaron no haber sido convocadas, aunque estaban en la lista de invitados que elaboró el Instituto de Servicios Públicos.

En apariencia, los que no fueron dudaron de que el encuentro fuera fructífero, y están a la espera de que baje la sensación de que las privatizadas están ejerciendo presión sobre el gobierno. Prefieren esperar a que se designe un secretario de Energía o un interlocutor que entienda la situación específica de cada uno de los negocios.

Explicaciones

En cambio, algunos de los que concurrieron, como los presidentes de Edenor y Edesur, creyeron que el encuentro podía servir para atenuar la tensión de los últimos días, y abrir un camino de diálogo.

No obstante, los invitados habrían sido demasiados, más de veinte, y las palabras de Capitanich se ciñeron a explicar los motivos por los cuales el gobierno había dictado la ley de emergencia.

Con todo, aunque probablemente influya la necesidad de que no vuelva a decirse que las privatizadas presionan al gobierno, las empresas en general decidieron sentarse a esperar que las convoquen. Hacen cálculos de las pérdidas y de cómo podrían reducirlas y pasarlas a los balances, pero insisten en que a la larga va a haber una solución.

No obstante, la preocupación es mayor cuanto más alto es el endeudamiento con el exterior y cuanto más estrecho es el margen de rentabilidad, ya que éste varía según el servicio.

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