El gobierno amenazó con subir retenciones a la carne como forma de amedrentar a productores y exportadores para que firmen un acuerdo de precios. Quedó en suspenso hasta que a última hora del viernes pudieron «comprometerse» sólo a incrementar la oferta. Está claro que el objetivo de hacer retroceder precios es prácticamente imposible y que en el mejor escenario la carne mantendrá su valor. Sigue aumentando el consumo local, y los mercados internacionales demandan más. Un cóctel que no puede modificarse con soluciones coyunturales. Exige cambios estructurales. Un dato adicional para mostrar bajas: el gobierno modificó el índice de precios del Mercado de Liniers, eliminando ahora del cálculo los cortes más livianos que más subas registraron en el último mes y medio.
El precio de la carne seguirá aumentando en la Argentina aunque se anuncien acuerdos sectoriales y los frigoríficos se comprometan con el gobierno a rebajar el producto alrededor de 15% en algunos cortes no exportables.
El viernes, a última hora, productores, consignatarios y frigoríficos que abastecen el mercado interno (no los exportadores) firmaron una «carta entendimiento» en la que apoyan la decisión del gobierno de postergar la prohibición de la faena de animales con un peso menor que 300 kilos y a la concesión de líneas de crédito para la ganadería. También se « comprometieron» a contribuir a aumentar la oferta de carne. Por el gobierno estaban el presidente Néstor Kirchner; el jefe de Gabinete, Alberto Fernández; la ministra Felisa Miceli, y el secretario Miguel Campos.
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Pese a la predisposición de la cadena comercial de la carne o del gobierno mismo, que intenta acercar a los consumidores locales a un nivel barato un producto caro en el mundo, la carne sigue muy demandada en el mercado internacional y también en la Argentina. Y las reglas de mercado indican que a mayor demanda, mayor precio.
La discusión generada la semana pasada por la imposibilidad de lograr un acuerdo de precios entre productores, consignatarios y frigoríficos con el Ministerio de Economía, que derivó en una presión del gobierno con amenaza de incrementar las retenciones y, finalmente, gestos de buena voluntad del presidente Néstor Kirchner con parte importante de la cadena de la carne, resultó solamente una postergación de un conflicto que existe y que no parece terminar. Puede ser una foto en medio de una película que ya fue anticipada por quienes conocen el particular mercado de la carne. La presión alcista sobre los precios de este producto es consecuencia de que en el país se consumen hoy 75 kilos de carne por habitante/año, un nivel muy superior al que se consumía apenas a comienzos de año o en los peores momentos de crisis financiera. Pero cualquier mejora en el ingreso de las familias argentinas se traslada linealmente al consumo de carne vacuna. Y ello genera más aumento. En este rubro podría, como acción de mediano plazo, promocionarse el consumo de carnes alternativas (cerdo, cordero, aves) o bien importar carne de países vecinos (con fletes de menor costo) para abastecer la demanda local. Ya lo hizo Uruguay, con buen resultado, y lo ejecutan muchos países (de hecho, Estados Unidos importa carnes que comen sus habitantes -trimmings, picada, fileteada, recortes- y exporta la buena carne de calidad que produce).
Por el lado de la exportación se encuentra otro de los puntos de presión: la desaparición parcial de Brasil y los casos de «vaca loca» en muchos mercados mundiales este año contribuyeron a consolidar la carne local -de calidad reconocida- en más de 90 plazas internacionales. Pero en la Argentina hay 60 millones de cabezas y un límite de producción impuesto por dichas existencias ganaderas. Mayor consumo interno y mayor demanda externa generaron un «cuello de botella» que exige una planificación de mediano y largo plazo. Los tiempos ganaderos -con alimentación controlada y pariciones programadas- impiden un resultado inmediato. Se intentó lanzar un Plan Ganadero Nacional pero exigía incentivos impositivos que, en ese momento se rechazaron, aunque dicho plan hubiese permitido una mayor producción que terminaríacompensando los ingresos del Estado. Se habló en los últimos días también de la imposición de cupos a las exportaciones, un intervencionismo de dudosos resultados, y los exportadores, ante su desesperación por inminentes mayores retenciones, llegaron a proponerle a Economía el freno a las ventas bajo la Cuota Hilton hasta el año próximo. Afortunadamente, dicha propuesta se rechazó desde el mismo gobierno ya que el incumplimiento del cupo de exportación genera un mal antecedente que la Argentina no puede ni siquiera considerar si desea seguir posicionada como proveedora de carne al mundo.
El aumento de la carne no es una cuestión coyuntural, como se cree desde el gobierno, que genera medidas como la prohibición del peso de faena para animales con un peso menores que 300 kilos (ahora postergado), sino un problema estructural de un sector que tiene una limitante (el número de animales y la disponibilidad de tierras para criarlos) y que no ha podido solucionarla por políticas públicas que no han acompañado en los últimos años, hecho que excede a la «gestión Kirchner».
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