4 de enero 2002 - 00:00

"No es bueno salir de la convertibilidad" (Alemann)

No es bueno salir de la convertibilidad (Alemann)
Roberto Alemann planteó ayer una alternativa ante la crisis económica. Asegura que manteniendo las reglas de juego básicas de la convertibilidad, y asumiendo una devaluación de un dólar a aproximadamente 1,3 pesos (el precio para mantener la relación peso con reservas), se podría continuar con el actual modelo que para Alemann demostró que «los argentinos aprendieron en estos años a manejarse con un tipo de cambio que todos entendían y aceptaban». Advierte que si, por el contrario, se elige la alternativa de una devaluación vía desdoblamiento del tipo de cambio es «un mamarracho» que puede llevar «al país de los '80". Además dice que si se elige que el peso flota, «no flotará, explotará». Pondera la designación de Jorge Remes Lenicov y algunas posiciones de Eduardo Duhalde. Culpa de la pérdida del 1 a 1 a los «que sacaron del país 24.000 millones de dólares» los que «no son ni santos ni inocentes». Las principales declaraciones de Roberto Alemann a Ambito Financiero fueron las siguientes.

Periodista: ¿Era necesario salir de la convertibilidad?


Roberto Alemann:
Es una mala noticia que se abandone la convertibilidad. Los argentinos en estos años aprendieron a manejarse con un tipo de cambio simple y que todos entendían y aceptaban. Lógicamente no puede mantenerse el uno a uno entre el peso y el dólar, pero no era necesario cambiar radicalmente las reglas de juego.

P.: ¿Cómo se hubiera mantenido la convertibilidad sin modificar sus reglas de juego?


R.A.:
La clave es que las reservas sobre pasivos deben mantener una relación de 2/3 y ahora están por debajo de 50% por la fuga de divisas. Se podría haber ajustado nuevamente a ese 2/3 colocando una nueva relación entre el peso y el dólar. Aproximadamente se llegaba a una relación un dólar por 1,35 o 1,4 pesos.

• Prohibición

P.: ¿Qué diferencia tiene esa decisión con la devaluación que implementa el gobierno y que llega a ese mismo nivel?

R.A.:
Algo fundamental y divisorio de aguas: dentro de la convertibilidad, aunque sea en una relación 1 dólar= 1,4 pesos le prohíbe al Banco Central emitir moneda con lo cual no hay ningún riesgo ni sistémico ni inflacionario. Simplemente no se emite.

Ahora se deroga la convertibilidad yendo a otras reglas de juego.

P.: ¿Cuáles son esas otras reglas?


R.A.:
El Banco Central puede emitir moneda y sólo dependen de la prudencia de las autoridades hacerlo o no. Hoy puede haber un presidente del Central que sea prudente, pero mañana otro que no lo sea. Además los sindicatos pueden presionar para que se les indexen los salarios lo que inmediatamente nos lleva al país de los '80.

P.: ¿Su idea entonces es mantener la convertibilidad con otra relación cambiaria?


R.A.:
Efectivamente, y que la culpa tienen los que sacaron del país los 24.000 millones de dólares y que no son santos ni inocentes en estos problemas. Que se miren al espejo y vean el daño que hicieron al país.

P.: Aún manteniendo la convertibilidad bajo ese esquema continúa el problema fiscal...


R.A.:
Es la gran cuestión a resolver. Ante la emergencia se puede implementar una tasa de derechos a la importación de 10%; pero a todas las importaciones y no con el efecto horrible de la discriminación que implica aplicar los derechos sólo contra el agro. Esto posibilita ingresos frescos de caja de manera inmediata en una medida que se puede m a n t e n e r mientras los a rg e n t i n o s aprenden a recaudar. Con este esquema, no le quepa la menor duda, se puede negociar nuevamente con el FMI y terminar de resolver el canje de deuda con los acreedores del exterior.

P.: ¿Habla de una quita de la deuda?


R.A.:
Para nada. La situación se soluciona con baja de intereses y quizá dos años de gracia.

• Mamarracho

P.: ¿Cómo tomó la decisión de ir a un desdoblamiento cambiario?

R.A.:
Que nuevamente la Argentina vaya a dos tipos de cambio es un mamarracho. Es lo mismo que pensar en una flotación. En este caso el peso no flotará, explotará; sólo por las expectativas sólo se puede flotar, pero en una situación controlada. Igualmente estoy en contra de la canasta de monedas que lo único que provocaría es confundir a la gente.

P.: ¿Puede haber inflación?


R.A.:
Sí pero poca, más allá de algunas presiones originales. La inflación va a ir siempre detrás de la devaluación. Pero siempre y cuando no hay indexación de precios y salarios. El problema de los argentinos es que tenemos mucha memoria y que nuestro pasado nos condena. Si emitimos nos incineramos, y esto lo saben todos los argentinos.

P.: ¿Es salida pesificar las deudas en dólares antes de una devaluación?


R.A.:
No. Eso sería un robo. Se puede ayudar al deudor con otro tipo de mecanismos, pero sin eliminar al acreedor.

• Gesto

P.: ¿Cómo tomó la designación de Jorge Remes Lenicov como ministro de Economía?

R.A.:
De él tengo una muy buena impresión. Le cuento una anécdota que me provocó una cierta admiración. En los '70 Gelbard compró la planta de Piedrabuena en Bahía Blanca y se la giró al Banco Provincia, lo que generó 1.800 millones de dólares incobrables. Con las reglas normales del sistema financiero hubiera desaparecido el banco. Remes y Ricardo Cossio recaudaron en el '93 unos 300 millones de pesos de más. Silenciosamente, y en 6 meses, compró bonos cupón cero por 1.800 millones de pesos y sólo le contó al gobernador Duhalde. Esos títulos los puso en garantía y solucionó la situación. Que un ministro utilice dinero de más para solucionar un problema financiero, en lugar de dárselo a políticos para que lo gasten en demagogia es un gesto casi único.

P.: ¿Cómo analiza la asunción de Eduardo Duhalde?


R.A.:
Evidentemente se impuso al país una avanzada del eje Buenos Aires - Capital Federal como en las épocas de Rosas y Mitre. Esto no es ni bueno ni malo, es así. Evidentemente fue un pacto que puede posibilitar que exista un gobierno eficiente. Lo único que hay que exigir es que sea una gestión que termine en el 2003 y que Duhalde cumpla su palabra. Como positivo implica que el gobierno no estará necesitado de hacer demagogia.

Entrevista de Carlos Burgueño

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