Alguien podría lanzar -a la manera de un Charles Dow moderno- la estadística acerca de días de huelga en el país y el resultado de las acciones en la Bolsa. La que, sin dudas, le daría un neto saldo favorable a la suba de los títulos privados en tales fechas atípicas. Después, la mar de las conclusiones, sin excluir a las más tontas, como concluir que si hubiera huelga todo el año: la Bolsa subiría muchísimo... Aunque lo que siempre se esclareció de esa aparente contrariedad de señales es que la plaza brinda un toque de alzas, opositor al paro, no sin el concurso de compras oficiales para sostener la idea...
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Esta vez confluyeron otros elementos, en especial el que se había puesto de moda en cuanto a usar a las acciones como esponjas de liquidez, que se llenan en Buenos Aires y se estrujan afuera: para que dejen el líquido tomado. Lo de la víspera excedió toda previsión, con más de 4 por ciento de suba, mientras acaparaba todo el brillo la acción de Pérez Companc y un aumento de cotizaciones de 9 por ciento -notable- con fuego en la base, de más de 6 millones de títulos. Afuera todo era derrumbe, fuertes en Wall Street y el Bovespa, y aquí, en pleno paro nacional de actividades, se gozaba de un paraíso terrenal y bursátil. El absurdo llevado a la máxima expresión, por conductos difícilmente previsibles: dentro de lo que es la gama afín a la inversión de riesgo.
Dejá tu comentario