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Las entidades «a favor» (nucleadas básicamente en la Abappra) aducen que «nadie va a abrir una cuenta que no piense usar, por lo que el costo para los bancos será nulo, y tendrá el efecto de hacer que la gente recupere la confianza».
Sin embargo, el argumento central contra el decreto es que -dicen quienes se oponen-«no es una solución de fondo: ¿qué pasará en marzo, cuando la gente que no acepte el bono quiera empezar a recuperar sus depósitos reprogramados y varios bancos se caigan porque no pueden devolverlos?»
El escenario apocalíptico es respondido desde el otro lado de la cerca con la esperanza de que la medida provoque la recomposición de la confianza perdida del público hacia los bancos, y eso a su vez recomponga los depósitos.
«De no suceder esto, de no producirse un shock de confianza, un mejoramiento de las condiciones generales de la economía, dará lo mismo tener un plazo fijo reprogramado o un bono: si los bancos no pueden pagar, ¿qué garantía hay de que lo haga el Estado? El riesgo de una entidad nunca puede ser menor al riesgo soberano del país en el que actúa», dijo a este diario Carlos Heller, CEO del Banco Credicoop y firme defensor de la medida.
«El decreto que anunció el gobierno para la salida de la crisis que nos perjudica gravemente a todos es un paso importante y una base concreta para continuar trabajando en una solución definitiva», dijo salomónicamente Jaime Guardiola, CEO del Banco Francés BBVA. Cabe recordar que el banquero, casi en simultáneo con el anuncio del decreto, reveló el viernes que su casa matriz capitalizará la filial local en u$s 209,3 millones.
•Recuperación
Guardiola y Heller coincidieron en que «estamos recuperando depósitos»; fuentes del Citi, del Banco Río, del Banco Galicia y del Nación hicieron la misma afirmación.
«Pero el malhumor de la gente está ahí: sería muy peligroso imponerles un bono de manera compulsiva, porque nos queman los bancos», decía un banquero de Abappra. El argumento era respondido por un hombre de una entidad extranjera: «Los bancos ya nos los están quemando, y vienen todos los días a romperlos a martillazos: acá hay que sincerar la relación con la gente y decirle claramente dónde estamos y que el bono es la única opción realista que ofrece hoy el sistema. Pero ése es un costo político que el gobierno parece no querer asumir».
Respecto de las nuevas cuentas «limpias», en el Francés BBVA aseguraron que «es imposible construir y convivir con la crisis al mismo tiempo; creemos que es muy difícil que se abran nuevas cuentas».
Heller piensa lo contrario: «Es muy fácil pedir un bono compulsivo si no se toma en cuenta que del otro lado hay gente. Porque la gente está muy enojada es bueno darle la opción de que elija». Y recordó el caso de la corrida que sufrieron las cooperativas en 1966, cuando la dictadura militar de entonces dificultó su operatoria. «Les ofrecimos a los clientes abrir lo que denominamos 'Cuenta B', independientes de las existentes -que se congelaron-pero con el compromiso de devolverles esos depósitos cuando se normalizara la situación. ¿Qué pasó? En menos de un año habíamos logrado devolver todo lo de las cuentas 'A'...»
En el Citi fueron más lejos: «Es la forma más ineficiente de tratar de captar depósitos. ¿Quién pagará la duplicación de las cuentas, sobre todo en un sistema que ya es insolvente? ¿Quién va a invertir en crear un doble sistema de cómputos? ¿Quién va a pagar los nuevos procesadores que harán falta, con un dólar casi a cuatro pesos?».
El hombre de la entidad estadounidense dijo también que «el horizonte es patético: esta medida estira lo inevitable. Si no hay una vuelta a la seguridad jurídica, al respeto del derecho a la propiedad, se prolonga la agonía».




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