El Ministerio de Economía dio a conocer el stock de deuda pública a setiembre de 2002, la que totaliza u$s 129.794 millones, o 146% del PBI.
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Hay un efecto artificial en términos nominales con el stock total bajando de u$s 144.000 millones a casi u$s 130.000 millones, pero eso es producto básicamente por la pesificación de todos los bonos emitidos con jurisdicción legal en la Argentina (Préstamos Garantizados y Bonos y Letras del Tesoro).
El informe al que tuvo acceso este diario destaca alzas por u$s 19.200 millones en los primeros nueve meses del año pasado, contra una baja de u$s 33.900 millones. La emisión del BODEN explica 75% del incremento de la deuda en ese período, papeles que se convirtieron en los instrumentos de mayor monto de emisión de toda la deuda. Del otro lado, la pesificación fue la medida que más contrajo la deuda, inclusive muy por encima de los pagos que, a la búsqueda del acuerdo, se estuvieron efectuando hasta noviembre a organismos internacionales.
• Costo
Lo clave es que este informe es el primero que refleja en forma oficial, el costo de todas las medidas tomadas por el gobierno de Duhalde, desde que asumió. Además la situación es más delicada no sólo por las emisiones adicionales que se están por concretar y que están contempladas en el miniacuerdo recientemente firmado con el FMI. En ese sentido resta contabilizar la compensación a bancos por la pesificación asimétrica, la nacionalización de la deuda provincial, por lo que el total de nueva deuda aún pendiente de emisión ascendería a u$s 17.100 millones.
Al mismo tiempo, la información suministrada por el Palacio de Hacienda destaca que los atrasos en pagos incurridos en el año acumulan u$s 7.400 millones, de los cuales $ 4.800 millones corresponden a incumplimientos en el pago del capital y el resto, 2.600 millones, de intereses. Si se estima que en 2002 la caída del PBI puede haber llegado a ser de 11% -en realidad superaría holgadamente el dato oficial ese porcentaje- el menor stock de deuda contrasta con la mayor porción del Producto Bruto que absorberá.
Por este motivo es que los inversores extranjeros no son optimistas respecto a la renegociación de la deuda argentina. Saben que la capacidad de pago del país es muy reducida y aún con una quita de 100% a la deuda «vieja», la emitida hasta la asunción de Duhalde, el nuevo endeudamiento ya de por sí es difícil de ser cumplido por la nueva administración. Esto se traducirá en las conversaciones con acreedores en una dilación por varios años de los pagos y una sustancial caída de las tasas de interés, lo que en síntesis es equivalente a una quita que como mínimo se descuenta de 70%. Muchos sostienen que igual camino debería seguir la deuda que el país mantiene con los organismos internacionales, que fue refinanciada aunque con plazos y tasas que seguramente serán mejores que las que pueda llegar a obtener un tenedor extranjero de un título público argentino.
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