7 de junio 2002 - 00:00

Otra brusca caída del real y de los bonos en el Brasil

San Pablo (ANSA, EFE) - La desconfianza de los inversores en el futuro de la economía brasileña se evidenció ayer en todos los indicadores: dólar y riesgo-país en alza, la Bolsa en picada y los títulos devaluados. Mientras, las explicaciones van desde el temor al posible triunfo de Lula Da Silva en los comicios de octubre, hasta un contagio de la crisis argentina o un ataque especulativo, o la combinación de esos factores.

Los mercados brasileños operaron con los nervios a flor de piel por la escalada del riesgo-país, que en su momento más crítico del día llegó a los 1.208 puntos básicos, un nivel cercano al marcado por Ecuador hace dos años, cuando entró en moratoria.

La disparada del riesgo-país arrastró la cotización del dólar, que subió 1,95 por ciento y cerró a 2,660 reales, su mayor valor desde el pasado 1 de noviembre, mientras que los títulos brasileños más negociados en el exterior (C-Bonds) bajaron casi dos por ciento.

Semejante panorama se tradujo en la Bolsa de San Pablo, cuyo principal indicador, el Bovespa, cerró con una caída de 3,79 por ciento, la tercera más fuerte del año.

«Siempre hay especulación. Eso hace parte del mercado. Pero en este caso no hay fundamentos para ello porque no hay un riesgo para el sistema financiero brasileño, que ya pasó por crisis peores», sostuvo el analista Fabio Cardoso, de Adinvest Consultoría.

•Mala señal

En cambio, los inversores argumentan que la decisión de la semana pasada del Banco Central de obligar a los fondos de inversión a contabilizar los títulos de renta fija del gobierno que tienen en cartera por su valor real, y no por el nominal, es una mala señal. Con esa norma, el instituto emisor buscó reducir el valor de los títulos para bajar también el costo de su renovación, lo que repercutió negativamente en el mercado, que prefirió comprar moneda fuerte a invertir en papeles federales.

Sea cual fuere el color político del próximo gobierno, los inversores prevén dificultades para financiar la deuda interna en dólares y por eso no aceptaron las ofertas de bonos a largo plazo, lo que obligó al Banco Central a cambiarlos por otros de corto plazo, con vencimiento en marzo y mayo de 2003, por lo que se acumulan para esa fecha 12.200 millones de dólares.


El panorama político se encrespó junto con los mercados, a pesar de que el presidente Fernando Henrique Cardoso considera lo ocurrido como una «fluctuación pasajera». El candidato izquierdista del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula Da Silva, favorito en todas las encuestas con más de 40% de la intención de voto y a gran distancia del resto, culpó al gobierno: «Durante diez años dieron prioridad a la especulación financiera y sometieron al país a los usureros internacionales en vez de darle prioridad a la producción nacional», expresó Lula.

Por su parte, el candidato del gobierno y preferido de los mercados,
José Serra, intentó minimizar la crisis y dijo que no hay justificación para tanto nerviosismo. «Con un gobierno que transmita confianza, se puede financiar la deuda con facilidad», dijo Serra.

Lula, además, calificó al presidente del Banco Central,
Arminio Fraga, de «irresponsable» por atribuir la corrida a las chances del izquierdista de acceder al Planalto.

Ayer, la junta ejecutiva del Partido Frente Liberal (PFL)
, la formación conservadora que abandonó el gobierno de Fernando Henrique Cardoso denunciando una persecución oficial contra su candidata, Roseana Sarney (quien finalmente renunció a la candidatura por denuncias de corrupción), anunció que no llevará candidato para octubre ni apoyará a otra fuerza.

Ello es visto en cierta medida como una frustración para la aspiración de Cardoso de volver a sumar el PFL a sus fuerzas, pero podría derivar en un apoyo del electorado tradicional de ese partido a Serra al carecer de candidato propio, ante el temor a una victoria de Lula.

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