Al menos es lo que podría decir una sencilla conclusión teórica: otra economía, otra Bolsa. Pero este asunto de las inversiones de riesgo las más de las veces resulta tan arduo como pergeñar el crimen perfecto. Es fácil de establecer en el planteo, pero casi imposible en la práctica. Lo más complicado es por la Bolsa última que se ha estado viviendo, totalmente evadida del clima que envolvía al país y resultando un efecto de causas sumamente singulares, como la de ser utilizada para salir del «corralito».
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Es un intrincado panorama de indicadores, de precios relativos, de índices accionarios, lo que quedó en suspenso para la reanudación de operaciones. El mercado tuvo avances descomunales desde inicios de diciembre hasta la llegada del último gobierno.
Lo que queda por delante es consolidar tal aumento, para convertirlo en materia bursátil, o dejar que todo se descreme una vez terminadas las expectativas por la economía propuesta. Hay no pocos y graves temas de endeudamiento en dólares para buena parte de las cotizantes y que utilizaron las «ON» como apalancamiento entusiasta. Festejar, como se hizo en el Congreso, una declaración de «default» por las privadas es jugar con fuego del más peligroso. Comprar títulos con tales argumentos sería todo un nuevo concepto, de donde también la pérdida quizás alcance el nivel de «buena», al mutarse los valores. Valuar, en tiempo normal, ya es un arte, imaginemos qué es ahora y en medio de este temporal...
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