Es de temer el levantamiento de la veda para la actividad bancaria y, por extensión, para el funcionar del sistema bursátil y sus afines, en virtud de una trabazón que alcanza proporciones demenciales y aun en las más simples operaciones financieras. Cheques que se acumulan, acreditaciones pendientes, rechazos injustificados, bancos que no saben qué demonios explicar ya, a través de sus empleados. En estos días, se fueron dando novedades en contra de los activos argentinos, así como editoriales y apreciaciones fuertemente adversas de parte de la prensa mundial. Si se suman a poderes políticos, como el español, solicitando planes claros y viables, el conjunto nos habla de un Estado mucho más jaqueado -y oculto en la trinchera-que hasta antes de las fiestas de fin de año.
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El único panel que cotiza hacia arriba, y firme, es el de la «Desazón SA» y donde se inscriben cada vez más los atribulados y confundidos ciudadanos. Ni hablar de los que intentan ver claro en lo que hace a fijarle precio a algún activo transable, como papeles cotizantes. Las señales de Nueva York fueron marcando bajas de fuste, para las que tanto habían subido en diciembre, y desde unos escalones más abajo conviene observar los índices posibles para la reapertura.
El drama de la parálisis de todo el circuito económico, y el desagio de los bienes transables amenazan devorarse las casas más sólidas, a la manera de un fuego maldito de Sydney...
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