Wall Street se afianza. Rodeado de peligros formidables, el mercado bull cortó camino directo a las altas cumbres. Si para el Nasdaq batir récords ya es una costumbre, era la excepción. Esta semana, por primera vez desde febrero, el S&P 500 le hace compañía en una cúspide recién estrenada. Otros fervores del momento-como el oro o las monedas- se enfriaron notablemente, y el contraste es aún más nítido. No todo sube. No cuando a los mercados se les pasa un tamiz. La inspección de los balances, las vicisitudes del covid-19, el desliz inflacionario de julio, un sobresalto inesperado de las tasas largas de interés son escollos que hubo que sortear. También la política que puso la continuidad del estímulo fiscal en punto muerto. Y la parquedad de las minutas de la Fed de Jay Powell. La Bolsa pudo desembarazarse de los contratiempos. El oro y el euro, en particular, tuvieron que suspender la marcha. Nada grave. Pero los retuvo su flojedad de papeles. En el margen, como se comentó una semana atrás, se redujo la oferta de estímulo y para franquear la aduana hizo falta demostrar que no se lo necesitaba. De ahí que el S&P 500 pasó la barrera histórica concentrado en un puñado de acciones, la punta de lanza de la tecnología y el llamado consumo cíclico (léase Amazon). No hubo margen para ensayar una saludable rotación. Los sectores rezagados quedaron atrás (finanzas, -1,95% y energía, -4,48%). El ímpetu conquistador lo dieron las Apple (+8,23%), Google (+4,71%), Amazon (+4,34%) y varios de sus colegas.
Entre tanta crisis que quita el sueño, mercado bull dice "presente"
La información disponible de agosto trajo una ráfaga de aliento. La actividad económica habría alcanzado un pico desde febrero de 2019.
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La economía (que crece) cuenta más que el balance de la Fed (que no crece desde principios de junio). Es lógico: se infló el segundo para que reviviera la primera, y corroborados los sólidos repuntes de mayo y junio interesa que la recuperación no se agote. En julio, se encendió una luz amarilla, la reaparición del covid provocó una desaceleración. ¿Y qué ocurre en agosto? La información más fresca disponible -una lectura “flash” con datos al día 20- trajo una ráfaga de aliento. La actividad económica habría alcanzado un pico desde febrero de 2019, según el informe PMI. Conviene tomar estos registros con pinzas -por limitaciones de la metodología dada la pandemia- pero la mejoría es harto evidente. Las condiciones de negocios son más robustas, la demanda aumentó de manera significativa tanto para la industria como los servicios, y con la resurgencia de órdenes y contratos, adoptados ya los nuevos protocolos, las empresas confiesan que apuran sus planes de empleo. Un detalle: habrá que prestar atención a los mayores costos operativos de los que nadie se libra. La industria los traspasa con facilidad a precios aunque no los renglones de servicios por una competencia intensa. ¿Nubarrones? Dos, la pandemia y las elecciones presidenciales de noviembre.
La hoja de ruta del virus es crucial, lo confirma el mismo informe flash PMI en su versión de la eurozona. La expansión allí continúa, pero se tornó más lenta. El ritmo de agosto se retrajo con respecto a julio y junio. España, Italia, Francia y Alemania lidian con nuevos retoños de covid, y la reimposición de restricciones dañó la actividad, en particular de los servicios. No es casual, entonces, que el dólar, como no sucedía desde junio, volviera a apreciarse frente al euro. Mudaron los roles. Europa debe sofocar renovados focos de infección. En EE.UU., tras el descontrol, es ostensible que baja la marea de contagios y hospitalizaciones. El porte más saludable factura una incipiente suba de tasas. Los bonos de 30 años son el caso extremo. Sus rindes treparon un cuarto de punto con la refinanciación del Tesoro, pero devolvieron 10 puntos base tras digerir bien la subasta de 20 años. Una bicoca para una economía que va por el cuarto mes de expansión. La política también confía. De ahí que se atreviera a extender la pelea por fondos extra de estímulo a sabiendas del corte abrupto de los pagos de emergencia a los desempleados por la pandemia. Y a la Fed tampoco la urge reforzar su arsenal de intervención. Preferiría no hacerlo, según las minutas. Habrá que ver si en el zoom de Jackson Hole se explaya sobre las adiciones que podría hacerle a su portafolio de intervención. O si deja simplemente que fluya el paso de los toros y cure per se las prevenciones y los dramas que acechan a la vuelta de la esquina.




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