Un crecimiento del 5% del producto bruto interno, la inflación en torno del 27% anual y el tipo de cambio situándose entre 4,25 y 4,35 pesos por dólar para fines del año próximo son las principales previsiones económicas para el 2011 de Juan José Llach, dadas a conocer hoy el marco de una conferencia ofrecida por el Instituto de Altos Estudios Empresariales, de la Universidad Austral.
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El buen momento por el que atraviesan los países emergentes favorecerá las perspectivas de la economía argentina, señaló el economista. Argentina continuará beneficiándose con la exportación de materias primas, en tal sentido LLach explicó que "el 90% del crecimiento de la demanda de alimentos provendrá del grupo de los emergentes, que no se limita Asia". Desde este punto de vista, precisó a modo de ejemplo que en los próximos cinco años, 221 millones de personas saldrán de la pobreza en África.
Con relación a la situación argentina, el economista advirtió que se ha producido un cierto deterioro de la situación fiscal ya que el resultado primario del Tesoro (antes de los pagos de la deuda externa) registrará este año un déficit del orden del 0,5% del PBI, mientras que el resultado financiero será negativo en 2 puntos del producto, lo que implica un deterioro respecto del 1,4 punto del PBI de superávit que se registraron, en promedio, en los años "virtuosos".
Asimismo, advirtió una luz de alerta por la marcha de la recaudación porque el resultado del IVA de la DGI muestra un aumento de "solo" 22,6%, sensiblemente por debajo de lo que debería dar la suma de la inflación más el aumento de la actividad económica, lo que estaría indicando problemas en el cumplimiento fiscal.
En cuanto a los escenarios futuros, consideró como el más probable un incremento en línea con la inflación real de los distintos agregados económicos como el gasto público, la base monetaria, los salarios y las jubilaciones, aunque con un deterioro del tipo de cambio y de las tarifas.
De esta forma se mantendría elevada la inflación, se acumularían tensiones en los precios relativos (particularmente por el retraso tarifario) y se daría una desaceleración de la actividad, pero no abrupta sino gradual.
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