5 de mayo 2003 - 00:00

"Para Wall Street es difícil ser optimista con Argentina"

«Es difícil ser optimista con la Argentina.» Así opina Fernando Losada, economista principal para América latina del ABN AMRO Bank en Nueva York, quien aseguró que muchos en Wall Street apostaban a un ballottage entre Carlos Menem y Ricardo López Murphy. «La presencia de Néstor Kirchner plantea muchas incertidumbres entre los inversores.»

De acuerdo con Losada, «luego de la suba de los bonos que se produjo en las últimas semanas, no queda mucho margen para que esta mejora continúe». Los bonos Global llegaron a u$s 30 por cada lámina de u$s 100 antes de las elecciones y, tras bajar fuerte después de los comicios, se fueron recuperando otra vez en torno del mismo nivel.

En diálogo con Ambito Financiero, Losada aseguró que los activos financieros están mejorando en la Argentina por «compras marginales» que llegan de grandes fondos de inversión. Pero destacó que el grueso de las inversiones financieras que llegan a América latina se dirigen a países como México, Brasil y Colombia.

•Conceptos

Estos son los principales párrafos de la entrevista:

Periodista:
¿Cuál fue la reacción de Wall Street en la semana posterior a las elecciones presidenciales?

Fernando Losada: No fue una gran sorpresa, porque los resultados no difieren tanto respecto de lo que se esperaba. Es cierto que muchos inversores se habían ilusionado con la posibilidad de una segunda vuelta entre Carlos Menem y Ricardo López Murphy y compraron deuda con la expectativa de que esto ocurriría. Mirando hacia adelante, mi sensación es que los resultados del domingo no convalidan los precios de los bonos argentinos.


P.:
¿Qué cambia para los inversores si el ganador es Menem o Néstor Kirchner?

F.L.: En caso de un triunfo de Menem, el panorama para Wall Street queda mucho más claro, sobre todo respecto del timing. Se encararía una negociación rápida con el FMI y también la posibilidad de que las negociaciones con los acreedores privados arranquen antes de fin de año. Con Kirchner, los pasos futuros son más difusos, desde el momento en que el ministro de Economía, Roberto Lavagna, no tiene precisamente las mejores relaciones con la primera línea del FMI. Y hasta que no se firme un acuerdo de largo plazo es imposible comenzar en serio una renegociación de la deuda.


P.:
¿Por qué es tan cauteloso respecto de los valores de la deuda, después de la mejora de las últimas semanas?

F.L.: Es muy difícil ser optimista sobre la deuda a estos precios. No sé si es una burbuja, porque hay mucha incertidumbre respecto del 18 de mayo pero, haciendo proyecciones razonables sobre el valor de recuperación de la deuda una vez que se reestructure, estamos hablando de niveles ligeramente inferiores a los actuales. Cuando los Global se acercan a 30, es difícil ser optimista.


P.:
¿Qué espera que ocurra con la asunción del nuevo gobierno?

F.L.: Lo que ha ocurrido es que no sólo tenemos una segunda ronda, sino que además el mandato popular de los dos que llegan tiene pocos votos. Existe el potencial muy serio de problemas de gobernabilidad, porque será un presidente que ganó por menos de 20% de los votos.


P.:
¿La recuperación del peso, con la consiguiente caída del dólar, y de otros activos financieros en la Argentina muestra un regreso de flujos al país?

F.L: La Argentina no es lo que era hasta 2000, porque ya en 2001 las cosas comenzaron a desbarrancarse. Por lo tanto, el país se cayó del mapa y ya no está en el radar de los inversores extranjeros. Lo que se vio son compras marginales durante las últimas dos o tres semanas, la deuda es muy ilíquida y algunas órdenes puntuales te hacen subir. Muchos fondos institucionales están restringidos por el default.


P.:
Pero sí se notó un fuerte flujo de ingreso de fondos nuevos a la región.

F.L.: Lo que ocurrió en los últimos dos meses es un fenómeno significativo de dinero que fue a buscar rendimientos más altos. Cuando hay evidencia de que un país comienza a encaminarse, como los casos de Brasil, México y Colombia, los inversores van en busca de altos rendimientos. El atractivo crece porque los rendimientos de activos en los Estados Unidos están a niveles ridículamente bajos.

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