"Después de jugar y ganar, lo mejor es jugar y perder...", viejo axioma timbero que encierra una verdad de los mercados de oferta y demanda públicas, más allá de la pasión por el simple juego. Y así, hoy lo vemos de cuerpo presente, una plaza bursátil nacional que sigue sin poder abrir operaciones, brindando el peor de los escenarios posibles, inclusive mucho más perjudicial que las mismas bajas que habrá que asumir, por imperio de presiones acumuladas y caídas en los ADR del exterior.
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No hay antídoto alguno ante la falta de transacción, de invalidar lo que es la esencia misma del sistema: «hacer mercado». Esto se está vulnerando y no será gratuito; las armas se oxidan de puro velarlas (decíamos ayer), y tener a un mercado sin transar, sin proporcionar liquidez a todo precio, es llegar no ya al fondo, sino afuera de lata misma, del foso, es quedar fuera de todo y ser olvidados del circuito. Fatal. Temible para suponer de qué modo se irán a descomprimir esas presiones posteriormente. Sin modificar las normas, la plaza tiene una traba enorme y que impide calzar operaciones del antes y el después. Con descalce de órdenes, con imposibilidad de congeniar dólares y pesos, más las derivaciones, la Bolsa es una actividad totalmente marginada, una muerte en vida, y sin que a nadie parezca interesarle de nuestros funcionarios. Cada día que pasa sin operaciones es un paso más hacia el destierro definitivo. Alguien debe verlo y actuar...
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