Por Agustín D'Attellis.- Economista, La Gran Makro
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Tal como era de esperar el dólar tomó los últimos días una fuerte tendencia alcista. Luego de la eliminación de las restricciones en el mercado cambiario, se pretendió instalar en el mes de enero una idea de estabilidad cambiaria, que estaba realmente fundamentada en una importante oferta -por exportadores que liquidaron el stock retenido a la espera de la devaluación-, y una demanda que no aparecía -por importadores que enfrentaban cambios de reglas en el esquema de DJAI-. Con el ingreso de los importadores al mercado, y los exportadores habiendo liquidado stocks, las presiones sobre la divisa han retornado.
El BCRA trabaja bajo la lógica del equilibrio alcanzado por el libre mercado, de manera que intenta -salvo excepciones frente a disparadas puntuales- no intervenir. Esta señal es tomada por los actores relevantes del mercado (agroexportadores, sector financiero) para conducir el valor de la divisa en línea con sus intereses especulativos, lo cual explica la dinámica actual, con su traslado a precios. La perspectiva hacia delante es que se sostenga esta tendencia.
Una inflación proyectada por encima de un 30% para este año, junto a un acuerdo con los holdouts y un éxito posterior en la generación del ingreso de dólares por el canal financiero, conducen a una proyección de $19 para fin del año en curso. En caso de que el ingreso esperado de dólares financieros no se logre, la actual tendencia de caída de Reservas Internacionales podría conducir a mayores tensiones en este mercado liberado, que dado su tamaño, brinda la posibilidad de manipulación especulativa.
En una economía como la Argentina, fuertemente concentrada y extranjerizada, con un mercado cambiario pequeño, y con restricción externa, haber liberado el tipo de cambio a la mano invisible del mercado no pareciera ser la mejor alternativa. La incertidumbre frente a la volatilidad futura genera reacciones especulativas y de cobertura, que aceleran el proceso inflacionario e impactan negativamente sobre la inversión y el consumo. Este debilitamiento del mercado interno pone en riesgo la sustentación del crecimiento económico, en un contexto internacional muy adverso, con fuerte caída de la demanda externa.
Sería importante que el BCRA intervenga en el mercado cambiario, de manera de seguir una senda en el valor de la moneda que garantice previsibilidad y desarrollo económico en el largo plazo, atendiendo las necesidades de todos los sectores, y teniendo como objetivo final la industrialización. El actual esquema de valorización financiera conduce al riesgo de volcarse a la generación de dólares financieros que financien la fuga de sectores concentrados, y genere una volatilidad en el mercado cambiario que sólo beneficie a los grandes especuladores, en detrimento del crecimiento económico y la inversión.
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