El cambio de política arancelaria que resolvió llevar adelante Domingo Cavallo promete dificultades hasta ahora no contempladas en el discurso oficial. Sólo parcialmente esas limitaciones provienen del gobierno o de las empresas brasileñas, aunque el Mercosur haya retrocedido a la condición de zona de libre comercio por la eliminación del arancel externo común. La decisión de levantar la tarifa externa puede complicar las relaciones con países con los cuales la Argentina ha consolidado sus aranceles y que, por lo tanto, exigirán compensaciones por las barreras que ahora se interponen en el flujo comercial.
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Conviene observar con algún detalle el abanico de problemas que se ofrece a partir de esta decisión:
La recepción que tuvo la nueva política de Cavallo en Brasil fue la mejor que podía esperarse, tal como se había adelantado: el gobierno de Fernando Henrique, sobre todo su ministro de Hacienda, Pedro Malán, toleró que se bajen los aranceles a los bienes de capital y casi alentaron que se suban los que se aplican a la importación de bienes de consumo. Sucede que las empresas brasileñas dedicadas a este último rubro se verán beneficiadas ya que seguirán ingresando al mercado argentino con arancel cero, mientras que sus competidoras de terceros países lo harán con una barrera de 35%. En cambio, para las firmas que venden bienes de capital desde Brasil, la reducción de tarifas supone un perjuicio ya que deberán competir con las que ofrecen lo mismo desde países ajenos al Mercosur, con el mismo arancel pero tal vez mejor tecnología y mejor financiación.
Para el gobierno de Cardoso, este nuevo cuadro resulta secundario respecto de la preocupación central: que una eventual caída de la Argentina no termine por contagiar también a la economía brasileña. Por esa razón fue Malán -no tanto Alcides Tapias de Industria ni Celso Lafer, de Relaciones Exteriores-quien más receptivo se mostró a la información brindada por Cavallo en el desayuno del viernes. En Brasilia todos estaban advertidos de que el nuevo ministro aprovecharía la emergencia para establecer un esquema comercial que él aconseja para cualquier circunstancia: ya en noviembre Cavallo había declarado al corresponsal de la revista «Veja» en Buenos Aires que «el Mercosur debe volver a su status de área de libre comercio; debemos terminar con la unión aduanera». Sin embargo, la tolerancia que demostraron no debería confundirse con «apoyo», como señaló el propio ministro de Economía. «Lo que hace Brasil es no obstruir, y dependemos para eso de que firmen los demás países del Mercosur», aclaró uno de los ministros brasileños a la Cancillería argentina. A propósito de esa adhesión, mañana en Asunción se reunirán representantes de los cuatro países socios, y ya Uruguay pidió que se discuta la modificación solicitada por la Argentina.
De la reunión de Cavallo y Adalberto Rodríguez Giavarini con los funcionarios de Brasilia se derivaron algunas preocupaciones. «¿Qué reacción tendrá la Argentina si se produce un boom de exportaciones de bienes de consumo desde Brasil?», se preguntan en Industria, donde percibieron bien temprano la ventaja que el nuevo ministro argentino ofreció con su programa. Respuesta: «Si la respuesta fuera algún tipo de limitación al ingreso de productos de nuestro país, habrá una reacción fuerte», explicó un allegado a Tapias, antes de recordar que «en el escritorio de Lytha Spíndola, que es la funcionaria encargada de Comercio Exterior en Industria, ya hay 400 medidas posibles para contestar al eventual proteccionismo argentino».
Más allá de estas prevenciones, hay dos factores que atenuarán perjuicios y beneficios de las nuevas medidas para Brasil. El «boom» exportador de los productores de bienes de consumo es dudoso, ya que actualmente todo el parque industrial brasileño está al borde de su capacidad por la expansión de la demanda que se verifica en el propio mercado interno (lo más probable es que las firmas brasileñas suban sus precios para aprovechar la mayor protección que se les concederá indirectamente). En cuanto a la desventaja relativa de las empresas que venden bienes de capital, tampoco es automática: el real se devaluó lo suficiente como para que los industriales de Brasil no puedan quejarse demasiado por pérdidas de competitividad.
Hay otro frente de las medidas arancelarias que pretende Cavallo que es el más riesgoso. Se trata del aumento de aranceles para países extra zona. Hay que tener en cuenta que muchas posiciones arancelarias para bienes de consumo fueron consolidadas por la Argentina en la OMC. Es decir: se les ha asegurado a otros países que la tarifa externa no va a subir más allá de determinado nivel sin que se les reconozca una compensación. Quiere decir que si el gobierno decide ir por encima de ese nivel garantizado de manera unilateral, deberá indemnizar a la nación cuyas empresas se perjudican con la medida. No es un detalle menor. Ya la Argentina exigió y consiguió un reconocimiento de España cuando este país subió sus tarifas externas consolidadas a raíz de su ingreso a la Comunidad Económica Europea.
Otra consecuencia de la ruptura del arancel externo común que deberá contemplar Cavallo es el establecimiento de algún sistema de certificación de origen por parte de Brasil para los bienes de capital. La razón es bastante evidente: si no existe ese mecanismo, los empresarios brasileños se verán expuestos a la competencia de productos ingresados a su mercado por vía de la Argentina, que ahora tendrá arancel cero para ese tipo de productos.
De cualquier manera, para que el régimen que pretende Cavallo adquiera plena vigencia, será necesario un proceso técnico complejo. Consiste en la redacción de anexos en los que se consignan listas de productos y se establece su naturaleza y su grado de terminación para verse incluidos en una u otra categoría arancelaria.
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