21 de abril 2008 - 00:00

"Política de dólar alto ya no beneficia la economía"

Diana Mondino
Diana Mondino
«El gobierno habla de las retenciones para distraer.En realidad el problema es la asignación del gasto», sostuvo a este diario la economista Diana Mondino. Además, la directora de asuntos institucionales de la Universidad del CEMA aseguró que los precios internacionales de los commodities continuarán altos y que la crisis financiera en Estados Unidos afectará a la Argentina.

Mondino fue hasta 2005 jefa regional de Standard & Poor's para Latinoamérica. Esto fue lo destacado del diálogo que mantuvo la economista con Ambito Financiero:

Periodista: Hoy las discusiones parecen estar centradas en la suba de retenciones. ¿Es el principal problema que hay?

Diana Mondino: No. El gobierno habla de las retenciones para distraer cuando en realidad el problema es la asignación del gasto. Igualmente, cuando se aplican derechos de exportación distintos al maíz que al pollo, lo que se hace es interferir en la cadena de valor. Se perjudica a un sector y se deja un bruto margen a otro. No se piensa en quién está dispuesto a pagar más, quién es más eficiente o quién lo necesita. Por ejemplo, se subsidia al transporte del conurbano bonaerense pero no al de Córdoba, ¿con qué lógica?

P.: ¿Fue una decisión equivocada aumentar las retenciones pensando en que los precios de los commodities siguen subiendo?

D.M.: Pensar que van a seguir subiendo es hacerlo solamente en el precio y no en el costo. Si se tiene un precio fijo para un cereal, no hay ninguna razón para retener la cosecha. Así, colapsa el sistema logístico, no hay caminos, no hay puertos que alcancen. Cuando el productor podía especular con distintos precios, tenía doce meses para sacar la producción. Es decir, que simplemente por poner un precio fijo hay muchos efectos colaterales, aún si el impuesto es bajísimo. Genera desincentivos que no son positivos.

P.: ¿Cómo cree que evolucionarán los precios internacionales?

D.M.: Aparentemente van a seguir muy altos, pero hay que tener en cuenta varias cosas. El petróleo se ha multiplicado por cuatro en los últimos años, pero en euros sólo se ha duplicado. La demanda de materias primas no cae a pesar de los altísimos precios, porque se trata, por un lado, de bienes esenciales, pero también porque a los europeos no les duele tanto. Algunas economías emergentes como China, India e Indonesia los necesitan de todas maneras, por cómo están creciendo, y otros países están aislando a los consumidores de esos shocks como la Argentina, Venezuela o Irán.

P.: ¿Se trata de un verdadero boom o de una burbuja de precios?

D.M.: Me inclino a pensar que es un boom basado en un aumento notable de la demanda por el alto crecimiento de algunos países. El argumento para creer que es una burbuja temporaria es que muchos fondos salieron de los mercados estructurados de EE.UU. y Europa y se dirigieron hacia commodities por la crisis financiera. Pero muchos de éstos tenían un alto endeudamiento que hoy no está disponible. Por lo tanto, es muy difícil afirmar que sean especulativos.

P.: ¿Entonces, controlar los precios internos es correcto?

D.M.: Hay que hacer una distinción. Acaba de salir un informe del Banco Mundial que asegura que de 58 países estudiados, 48 implementaron controles de precios. Pero son totalmente distintos al sistema argentino. Acá, por empezar, la soja no se consume internamente, lo que evidencia que ponerle un impuesto responde a un objetivo fiscal y no a mantener el precio local. En la carne y los cereales el porcentaje que se consume internamente es tan pequeño que es sustancialmente menor que la retención que se le aplica. Si se diera todo el consumo de trigo gratuitamente en la Argentina, aun así habría ganancia para los productores. En el caso de la carne es igual, ya que lo que se consume es distinto a lo que se exporta. Si se pudiera vender al exterior con los altos precios que se pueden obtener, el productor motivado por las exportaciones estaría dispuesto a matar una vaca de todas maneras y el precio doméstico podría ser más bajo. 

P.: Sin retenciones, ¿cómo se satisfacen las necesidades fiscales?

D.M.: Las necesidades fiscales están dadas por un aumento notable del gasto. Encima, hay gasto adicional si devuelve parte de las retenciones en subsidios a algunos productores pequeños. La forma de salir es reducir el gasto en todo aquello que no parece necesario, como un tren bala, subsidiar la electricidad de sectores altos o el transporte de la Capital Federal. Si esos valores fueran acercándose a un precio de mercado y se redujeran los subsidios, habría menos necesidades fiscales. Pero se trata de decisiones políticas.

P.: Tampoco se pueden liberalizar las tarifas de golpe, ¿no?

D.M.: Por supuesto. Habría un shock inflacionario. No se puede eliminar el control súbitamente. Pero si se permite producir gas en vez de importarlo, ahí hay un subsidio implícito muy alto que podría reducirse. Es sólo uno de los mil ejemplos.

P.: Las discusiones por la energía y el campo dejaron de lado al sector industrial, ¿hay allí otro problema?

D.M.: El gobierno parece creer que allí la mano invisible y un dólar alto va a lograr que la Argentina pueda ser competitiva. En la industria, el costo también tiene una gran relevancia. El sistema piramidal de impuestos que tenemos y los costos de transporte también le pesan a este sector. En ese sentido, la solución es hacer más eficiente todo lo vinculado con el gasto público en infraestructura.

P.: ¿Puede dejar de mantenerse un dólar alto?

D.M.: Ya no beneficia esta política. La evolución del dólar versus los costos de producción ya no da alta tasa de rentabilidad. Además, el dólar cayó en el mundo. Estamos haciendo un gasto importante para protegernos de algo que de todas maneras ya estamos protegidos. Y además como nosotros producimos bienes de consumo doméstico, el dólar alto provoca que los salarios sean bajos.

P.: ¿La crisis de Estados Unidos va a afectar a la Argentina?

D.M.: La crisis tiene un efectofinanciero a través de la caída en la tasa de interés, que tiene efecto positivo para todas las economías emergentes. Pero también hay un deterioro notable en efectos crediticios, no hay emisiones de deuda ni nuevos proyectos de expansión. Aunque no haya recesión en EE.UU., el efecto es una demora en el crecimiento de todos los países. Se frena la llegada de capital, la transferencia tecnológica que trae la inversión directa y la de conocimiento de management. Según la OMC, las perspectivas de crecimiento mundial de comercio bajaron para los países emergentes de 5% a 4,5%.

Entrevista de Florencia Lendoiro

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