Pontaquarto, el hombre que se creyó senador 73
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No tuvo demasiados senadores como jefes en su carrera, si se lo compara con otros empleados que habitaron el palacio desde 1983. En 1989, pasó a depender del entrerriano Luis Brasesco y en el '95 el mendocino José Genoud lo toma y le da la categoría 4 (una categoría intermedia).
Pero el poder dentro del Senado y la relación, casi de igual a igual, con los senadores de todos los partidos los alcanza en 1996 cuando, por el clásico acuerdo de división de cargos en la alternancia radical-peronista, lo pone como prosecretario parlamentario, con el consiguiente aumento de status político y de sueldo.
De esa época lo debe recordar bien Matilde Guerrero, la secretaria administrativa que terminó perdiendo su cargo después de una auditoría que le ordena Carlos Ruckauf sobre la compra de los autos del Senado que, si bien no terminó demostrando sobreprecios en la operación, minó la confianza del presidente de la Cámara en la funcionaria.
Desde que tuvo a su cargo también la dirección de la DAS, cobertura médica de los legisladores y empleados, consiguió aun más acceso todavía a los senadores y los favores que éstos le pedían, sobre todo porque esa obra social iba de mal en peor -hasta convertirse en un gran dolor de cabeza al borde de la quiebra- y los legisladores pedían continuamente excepciones en las reglas de contratación y reintegros por servicios tomados por afuera.
No hay ningún senador que pueda olvidarse de Pontaquarto en esa época. Se paseaba por el palacio como un legislador más, y era común verlo en la sala de periodistas, siempre con mucha amabilidad, explicando la estrategia de cada sesión. Allí fue donde intimó con Augusto Alasino, por ejemplo, o Ruckauf.




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