9 de enero 2002 - 00:00

Por quejas, varias empresas ya dan marcha atrás por aumentos

Las quejas del público en los primeros dos días de vigencia del «Plan Reyes» provocaron que ayer muchas de las empresas que habían decidido aumentar los precios comenzaran a dar marcha atrás. Hasta ahora los lácteos y algunas cervezas. Como contrapartida, hasta ayer las gaseosas, el azúcar y los aceites aumentaron sus precios y no los volvieron a bajar. Además, algunas supermercadistas aseguran que sólo puede haber aumentos muy puntuales y auguran que en los próximos días podrían volver las ofertas que desaparecieron luego de la devaluación. Muchos comerciantes inclusive recomiendan a sus clientes que las compras en las que hubo aumentos y que no sean urgentes se demoren una semana como mínimo, ya que aguardan un reacomodamiento de los precios que crecieron como consecuencia de la falta de demanda. Hay, sin embargo, muchos productos en los que continúa el desabastecimiento.

Lácteos, cervezas, azúcar, aceite, gaseosas. Esto, que parece la lista de compras de cualquier ama de casa argentina, es el listado de los artículos más críticos en lo que hace a aumentos (o no) de precios: varios de ellos prometieron no subir, otros reconocieron tener que hacerlo por sus mayores costos, y algunos avanzaron en los aumentos para luego retroceder.

Concretamente, las gaseosas, el azúcar y el aceite retocaron sus valores; los lácteos y algunas marcas de cerveza avanzaron y retrocedieron; otras marcas de cerveza aseguraron que no tocarán sus listas de precios a pesar de tener que pagar más por sus materias primas.

«Va a haber reacomodamientos, pero no aumentos masivos: muchos de nuestros proveedores intentaron subir los precios, pero luego retrotrayeron la situación. Pero no creo que los aumentos superen ocho o nueve por ciento promedio».


El panorama lo pinta Alfredo Coto, uno de los principales compradores de productos de consumo masivo del país. El supermercadista reconoce que «hay mercadería que necesariamente va a subir, pero la situación hoy es diametralmente distinta a lo que sucedía en otros procesos de devaluación seguidos de inflación: ante la menor posibilidad de aumentos masivos, la gente corría a los locales y vaciaba las estanterías en previsión de grandes aumentos; hoy, por las razones que todos conocemos, pasa todo lo contrario».

Sin dinero

Las razones a las que alude «don Alfredo» son, desde ya, la caída en el poder adquisitivo de la mayoría de la población y la falta de dinero impuesta por el «corralito». «Mire: si el producto no está en oferta la gente no lo lleva...», admite.

Coto suma una tercera: «En los últimos once años el sector vio el surgimiento de grandes cadenas, que competimos de manera feroz. Hoy nuestros márgenes apenas superan 1%».

Tanto la gente de Coto como la mayoría de sus colegas están discutiendo casi rubro por rubro los nuevos precios de sus proveedores; algunas cadenas proclaman su (difícilmente sostenible) compromiso de mantener los precios intactos -al menos durante las próximas semanas-mientras otras ya han retocado sus etiquetas. De hecho, hay cadenas de e-mails advirtiendo qué supermercados aumentaron y cuáles no.

«Es cierto que hubo problemas con el azúcar y el aceite, pero ya está casi normalizado y a precios no muy superiores a los que regían la semana pasada. Usted recordará que antes, si la devaluación era de 30%, el comerciante aumentaba 50% por las dudas. Hoy cada empresa está afinando el lápiz para calcular exactamente cuánto es la incidencia de la devaluación en sus costos y no pasarse de ahí.»


Entre quienes se vieron obligados a afinar el lápiz son los fabricantes de gaseosas: tanto BAESA (Seven-Up, Pepsi, Gatorade, etc.) como Coca-Cola -tal como adelantara este diario ayer-a partir de hoy incrementarán sus precios entre 7 y 10%, según el producto.

David Lee
, titular de AFAC (Asociación de Fabricantes Argentinos de Coca-Cola, integrada por las seis empresas que embotellan la línea de productos de la multinacional de Atlanta) dijo a este diario que «no tenemos más remedio que aumentar: el producto bajó 40% en tres años, y no nos queda margen para absorber la suba de las materias primas importadas y de otras que, si bien se hacen acá, tienen precios internacionales».

Esos productos son la resina básica para elaborar las botellas de PET (el material plástico reciclable que es hoy el principal «packaging» de gaseosas, champús, aceites, etc.). Esa resina la fabrica Eastman (un «spinoff» de Kodak) en los Estados Unidos, y a pesar de que también la hace Rhodia en Brasil, su precio es internacional. «También la resina con la que se hace la tapa a rosca y el revestimiento interno es importado», dice Lee. «El aumento es exactamente la incidencia de esos costos adicionales sobre el valor final, siempre que podamos importar las resinas al dólar oficial».

Presión

Ovidio Bolo, titular de la Cámara de Supermercados, reiteró lo que vienen diciendo los empresarios que representa: «Sólo hay incrementos puntuales, y estamos presionando a los proveedores para no perjudicar a los consumidores».

Pero no todos los «lápices» funcionan para remarcar: empujada por una caída de 40% en las ventas,
Buquebús decidió mantener sus precios en pesos iguales a los de la temporada pasada, lo que de hecho se traduce en una reducción en dólares de 29%.

«Nuestra estructura de costos es 70% en dólares: las cuotas de los barcos que compramos, el combustible, los seguros contratados en Londres y Suiza... El restante 30% son salarios y tasas portuarias. A pesar de esto, decidimos mantener los precios en pesos, aceptando tarjetas de débito y crédito en pesos, cheques, etc.»
, dijo a este diario Juan Cruz Gómez Oromí, de la naviera.

Parte de los recursos con los que podrían sostener esta rebaja, vigente hasta marzo y en las tres rutas (Colonia, Montevideo, Piriápolis) provendrían del buen negocio que está haciendo Buquebús en la ruta
Ceuta-Algeciras (cruzando el estrecho de Gibraltar) y la próxima apertura de la Naples-Key West, en el sur de la Florida. Un recurso del que, obviamente, carecen muchas PyMEs alimentarias, cuyos costos están atados a lo que le marcan sus proveedores.

De nuevo, la pesada carga de las importaciones sobre el precio de los productos que consumen los argentinos (aún de los que se fabrican localmente) tiene que ver con la dramática reducción del sector industrial que se verificó en la última década.
«Podríamos volver al vidrio como envase, si la gente lo pidiera y resultara en un valor notablemente inferior. Hoy lo más barato es el PET, pero de modificarse esta realidad veríamos cuál es la mejor alternativa. Nosotros vendemos gaseosas, no envases», dice Lee.

Pero la recuperación de las industrias locales que vendrían a substituir los importados tardaría entre un año y medio y dos años en el mejor de los casos, siempre y cuando existieran créditos para su reequipamiento (hoy casi una ilusión). El panorama, como se ve, es sumamente complicado.

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