La que acaba de finalizar no fue una semana de grandes oscilaciones (el S&P 500 no llegó a ganar o perder nunca más de 0,5%, idéntico valor al acumulado en estas cinco sesiones). De hecho, la mayor parte de los analistas optó por asociarla a palabras como "consolidación" antes que a otras como "baja". Pero la realidad es que desde hace quince días el mercado viene lentamente derrapando sin que se pueda encontrar ninguna noticia puntual -más allá de la psicología de los inversores- que lo justifique. En el momento de intentar definir cuál fue la peor novedad de los últimos días tenemos que volcarnos por algo tan simple como el clima. La ola de frío que comenzó a afectar gran parte del país fue responsable -en parte- de que el costo de la energía para calefaccionar trepara a valores record, arrastrando tras de sí al petróleo, que si bien el viernes cedió ligeramente a u$s 59,4 por barril (ocho centavos más que el viernes anterior), alcanzó a superar los u$s 61. Esta mengua en el precio del crudo sirve a su vez para justificar 0,22% que ganó entonces el Promedio Industrial, que cerró en 10.778,58 puntos, aunque mirando más de cerca las cosas no se puede desconocer el impulso que le dio General Motoros al Dow. La estrella del mercado fue sin ninguna discusión el oro, que por el motivo que sea cerró en u$s 530,2 la onza. Nadie piensa que se pueda repetir lo de noviembre, pero de todas formas se han puesto algunas fichas a que Alan Greenspan podría calzarse el disfraz de Papá Noel cuando la Fed se reúna el martes, sugiriendo algún descanso en el proceso de suba de tasas.
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