19 de junio 2003 - 00:00

Presión tributaria, igual a países ricos

Presión tributaria, igual a países ricos
La presión tributaria total en la Argentina es hoy igual o más alta que en muchos países ricos como EE.UU., Japón, Irlanda o Australia. Pero a diferencia de ellos, goza de mucho menor bienestar y capacidad de pago.

Si bien de la simple comparación entre recaudación y PBI se puede concluir que en 2002 la presión tributaria alcanzó un piso de 19,3% del PBI, uno de los niveles más bajos desde 1990, no es cierto que ésta sea evidencia de que las alícuotas impositivas con que se grava la actividad económica en el país no son tan altas como parecen.

En cambio, otra mirada de los datos demuestran que las tasas sí son altas: es que en la Argentina se estima que hoy 40% del monto del Producto Bruto Interno (PBI) que da a conocer el Ministerio de Economía, está ajustado por la economía informal. Es decir, que si el PBI corriente de 2002 se ubicó en $ 313.039 millones, en realidad el Producto en blanco, esto es, el que se genera en el circuito formal se ubica en $ 187.823 millones. En realidad ése es el nivel de producto que tributa impuestos. Teniendo en cuenta que el año pasado la recaudación tributaria total (del Estado, las provincias y los municipios) ascendió a $ 60.341 millones, se puede entonces recalcular el grado de presión tributaria formal que tiene la economía y asciende a 32,1%, y no a 19,3%. Esa presión es mayor a la que tienen países con mucha más riqueza como EE.UU. o Japón, donde la presión tributaria asciende a 28% de su PBI, mayor a la que tiene Australia donde lo que se recauda equivale a 31% de su producto, igual a la de Irlanda (32,2%) y apenas inferior a España, todas economías donde la evasión promedia entre 5% y 7% de su PBI (con la excepción de España que llega a 12%). Para el economista del CEB, Juan Zabala, las alícuotas impositivas son altas para el grado de desarrollo del país. Eso explica por qué en la Argentina es generalizada la sensación, entre quienes pagan, que la presión tributaria individual es alta. Para tener una idea de lo que sería un escenario ideal: si todos pagaran impuestos, el país podría perfectamente disminuir en 12,9 puntos la presión tributaria actual sin alterar el monto de la recaudación. Pero ése es un escenario ideal, en una economía que crece fuerte, que no tiene más de 20% de desocupación y donde la pobreza no afecta a tantos millones de personas. De hecho con indicadores sociales tan drásticos, la presión tributaria formal tiende a ser muy fuerte para poder transferir recursos a los que menos tienen.

• Interpretaciones

La fuerte presión formal puede interpretarse de dos formas. La primera como que todo el problema de la Argentina pasa por la evasión, y entonces, la forma de resolverla es la que lanzó el gobierno: medidas fuertes para combatir la informalidad. La segunda, es que el problema pasa porque las alícuotas son altas en función de lo que la gente puede pagar y eso es lo que genera la evasión. Una tercera es también una estructura tributaria repleta de exenciones, algunas innecesarias, que le restan unos $ 10.000 millones por año al gobierno.

La falta de acuerdo sobre la causa del problema explica que países pobres y con alta evasión como la Argentina estén envueltos en un dilema de difícil solución: como respuesta a la evasión, deben optar por una estructura tributaria regresiva (donde se grava a los que menos tienen) porque esos son los impuestos más difíciles de evadir. En cambio, países ricos como los europeos o EE.UU. pueden plantearse, sin ser pobres, gravar menos a los que menos tienen. Sobre este punto, el economista Jorge Carrera del Instituto de Estudios Fiscales y Económicos (IEFE), explica que los países más ricos están en condiciones de tener una presión tributaria más fuerte, y menos distorsiva. Aunque señala que no está claro que sea esta alta presión lo que genera bienestar o si en realidad es el mayor bienestar que gozan estas economías lo que permite tener una alta presión impositiva. Igualmente adelanta que «bajos niveles de recaudación son una señal de debilidad institucional y de bajo nivel de desarrollo».

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