Bruselas y París (enviado especial) - Néstor Kirchner dijo ayer aquí que la Argentina tendrá cerrado a finales de agosto próximo un acuerdo de largo plazo con el FMI que espera sea analizado en la asamblea del organismo que se hará el mes siguiente en Dubai. Según le dijo al Presidente al titular de la Comisión de la Unión Europea, Romano Prodi, quien le dio un almuerzo en su oficina de la capital de Bélgica, ese acuerdo permitirá que los inversores en el país tengan las condiciones para mantener sus negocios. «Además -dijo en un pasaje del almuerzo al que concurrió con su esposa Cristina Fernández, los ministros Roberto Lavagna y Rafael Bielsa, y el embajador Jorge Remes Lenicov-, ya hemos visto que en la década de los años '90 las empresas de servicios privatizados cambiaron los contratos y nunca hablaron de que se quebrasen las reglas del juego. Tampoco va a pasar ahora, con la comisión revisora».
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En el almuerzo, Kirchner reiteró la rutina que ofrece esta temporada en los escenarios de Europa occidental y que sus acompañantes ya se saben de memoria: crítica al FMI por empujar al país a una política que fracasó, necesidad de que los socios europeos vean el largo plazo, necesidad de seguridad jurídica para los dos lados del mostrador -como si fuera posible de otra manera, esto es un juego palabras-y recitado de la lista de logros de la gestión Duhalde-Kirchner, es decir, de Lavagna. Prodi, informado como pocos, le preguntó sobre las cuatro metas del último preacuerdo --progra-ma fiscal, reforma bancaria, reglas de juego para las empresas y seguridad jurídica-. Lavagna y el Presidente echaron mano de los resultados del último juego del INDEC e intentaron mostrar que los indicadores se mueven pese a los críticos que ven otra cosa. «Estamos superando la meta fiscal -dijo Kirchner-, y ésa es la puerta para un acuerdo que esperamos se cierre en agosto y se discuta en setiembre en Dubai.» No era tema de la mesa dar más detalles sobre montos, plazos y condiciones de ese acuerdo. Prodi, como todos los anfitriones de la delegación argentina que recorre una Europa ya en vacaciones, con 42º grados en París, y con funcionarios y empresarios que se han forzado a suspender sus vacaciones, le dijo que lo tenga al tanto de ese acuerdo y que lo que necesite se lo pida.
El almuerzo fue una sobria vianda que sirvió Prodi en un pequeño comedor (salmón con puré de zanahorias, fetas de pollo frío con zanahorias glaseadas y caldos varios, incluso el espumante del adiós), a la que siguió una reunión más amplia en la oficina del italiano para hablar de temas más concretos. Se sumaron el francés Pascal Lamy, comisario para el comercio de la Unión Europea, uno de los puestos más importantes hoy del mundo en esa materia, y los españoles Pedro Solbes y Loyola de Palacio. También entró el verdadero manager de este viaje, el embajador Fede-rico Mirré, hoy director de Europa Occidental en la Cancillería y mañana representante en Londres. Solbes fue quien puso el único tema agrio de la reunión: «¿Y las tarifas?». Kirchner se sorprendió porque está encantado con el éxito del discurso de la crudeza en la queja hacia el mundo que va seguida del apretón de mano y no esperaba que el tema surgiese en Bruselas.
La Unión Europea representa países y no empresas, y es del peor gusto introducir temas sectoriales; por eso, le habían dicho al Presidente que estuviera tranquilo con eso. Ahí fue que dijo que esperaba que las mismas empresas que habían logrado sus contratos en los '90 para beneficiarse los modificaran sin hablar de romper las reglas o irse del país. Además, el acuerdo con el FMI, dijo el Presidente, forzado a deschavizar un poco la respuesta, da una señal de que se cumple también con la pauta de la seguridad jurídica. En estos foros a los que Kirchner viene con la vaina para asustar se toman las palabras en otro sentido a como las usan los políticos, y más los peronistas. Para un heredero del general decir algo es señalar otra cosa, a veces lo contrario.
• Debate
En la cultura de los negocios, que es de cuño anglo-sajón, lo que se dice es lo que vale y se toman decisiones sobre la letra. Por algo la historia de Europa tiene una bisagra en la Reforma, que es un debate sobre lo que significa lo escrito. Producto de la cultura católica, en el peronismo vale lo que interpreta de lo dicho el general, como vale entre los feligreses de Roma lo que predica el Vaticano.
Esta digresión sirve para encuadrar el entusiasmo con que salió Kirchner de la reunión, diciéndole por lo bajo a Bielsa y a Lavagna: «¿Qué light, no?; ¿qué les pasó?». Bielsa, que es abogado, y Lavagna, que después de todo es un jesuita formado en Lovaina, le aclararon: «Ojo, si prometemos seguridad jurídica, después no podemos embromar».
Otros temas de Bruselas. 1) La firma del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea la expuso Lamy, que cree que estará para firmarse antes de diciembre de 2004. 2) Ligado a lo prime-ro, el reclamo de los países americanos del levantamiento de los aranceles de los productos de la región y de la Argentina en el mercado europeo. Bielsa puso aquí su bocadillo al explicar que la relación con Brasil estaba mejor que nunca y que su ministerio era la locomotora del acuerdo Mercosur-Unión Europea, aunque los papeles los tiene Martín Redrado. Lamy recordó que en el debate previo se ha solucionado ya la entrada de 83% de los productos del Mercosur y 90% de los europeos.
• Reclamo
El porcentaje que resta son los productos agrícolas protegidos en la comunidad. Kirchner reclamó con el argumento de que no se le puede pedir al país que pague si no le dejan vender, y Lamy le respondió que los subsidios agrícolas en Europa tienen cinco años de vida. Este funcionario francés es el autor del llamado «desacople» del subsidio europeo del volumen exportado y ha pasado a calcular el subsidio por montos, algo que considera la antesala de la baja imparable de esas barreras. Remes Lenicov aportó lo suyo al decir que hacían falta muestras más enérgicas de querer abrir esos mercados como lo están pidiendo, a la inversa, los países europeos que quieren más apertura en servicios y patentes. Al salir, la típica charla con la prensa, al avión y, por la noche, París.
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