Roberto Lavagna convocó ayer a 10 economistas para un intercambio de ideas sobre la actividad local. Se podían distinguir dos grupos: los del «club del dólar alto» con Eduardo Curia, Héctor Valle, Aldo Ferrer, Roberto Frenkel, Ricardo Fuente, Débora Giorgi y Roberto Feletti frente a Javier Alvaredo, Miguel Bein y Javier González Fraga, que defienden dólar competitivo, pero «con recuperación del salario real». «El modelo está intacto», recalcó el ministro, acompañado por el secretario de Industria Miguel Peirano, el subsecretario pyme Federico Poli y el vocero Armando Torres. Tenía ya el dato de que la inflación iba a ser de «sólo» 1% en julio (ver nota aparte). Es que el alza de precios venía siendo una amenaza y, de hecho, fue uno de los temas centrales en la hora y cuarto que duró el encuentro.
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Pero básicamente el ministro reconoció dos temas que le preocupan. El primero, la poca operatividad del Estado. «La obra pública se demora en ejecutarse, y cuando se lo hace, se deben pagar sobreprecios.» Los asistentes intuyeron que el ministro se refería a los aumentos observados en el costo de construcción. También incluyó a los préstamos del Banco Nación al agro en el rubro, que de 12.00 casos potenciales relevados, sólo 10% pudo ser otorgado por diversos motivos.
El segundo punto fue el de la comunicación con los medios. Aquí Lavagna criticó, con poco fundamento, que la prensa no destaca que el gobierno se está desendeudando, y que las emisiones de bonos que se están haciendo son para cancelar vencimientos. Incluyó como otro ejemplo un trabajo de los economistas Kenneth Rogoff y Carmen Reinhardt sobre los «países defaulteadores seriales» que quiso difundir y nunca lo logró. Quizás el enojo principal del ministro venía más por el lado de la inflación, ya que también allí destacó el impacto negativo que genera en las expectativas de los consumidores el hecho de que los medios den demasiada difusión al alza de los precios.
Precisamente la inflación disparó el intercambio de ideas. El abogado Curia y Frenkel propusieron la instauración de una canasta de monedas secreta como la que aplican Singapur y Malasia. «Eso no es para la Argentina», les respondió rápido el ministro. Allí los socios del «dólar alto» pasaron a proponer desde la indexación del tipo de cambio (es decir, que el precio del dólar mes a mes sea corregido por la evolución del costo de vida, algo que llevó a la alta inflación de fines de los '70 y principios de los '80) hasta un «crawling peg» cuyo sendero ascendente sólo lo tenga el ministro «in péctore». También fue rechazado.
Aldo Ferrer propuso un relanzamiento del plan, ya superada «la primera fase con la reestructuración de la deuda» y ahora debería comenzar para el economista una nueva etapa del «discurso integrador». Nada concreto para el hoy director de ENARSA. Héctor Valle, ahora en el Fondo Nacional de las Artes, advirtió por la cartelización y apuntó a constructoras en las licitaciones de vialidad que hace el Estado.
Del otro lado, Miguel Bein le propuso a Lavagna que se financie en pesos con CER, pero a corto plazo, donde no sería oneroso para el Estado. Javier González Fraga resaltó la necesidad de grandes proyectos de inversión y criticó la atadura oficial al Programa Monetario. Durante todo el encuentro, predominó el buen clima entre los asistentes.
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