Qué cambia después de la devaluación
-
Diferencia de tasas en el plazo fijo: cuánto gano si deposito $350.000 por home banking o sucursal en abril
-
El consumo sumó 10 caídas consecutivas en febrero y crece el uso de tarjetas de crédito para pagar gastos básicos
• Los sindicalistas vuelven a justificar su existencia: nuevamente se los verá peleándose con los empresarios por paritarias, convenios, aumentos, indexaciones, etcétera. Como hace dos o tres décadas...
• Los autos importados nuevos (sobre todo los modelos más caros) se harán casi inalcanzables. Al revés, los usados valdrán cada vez menos, por el elevado costo de los repuestos.
• La mayoría de los argentinos deberá olvidarse -al menos por un tiempo bastante largo- de viajar al exterior: los costos en dólares de unas vacaciones en el Caribe serán insostenibles, porque se pagarán al tipo de cambio «libre». Al revés, la caída del valor del peso debería favorecer la llegada de turistas desde el exterior, pero se sabe que las cancelaciones se cuentan por decenas de miles: nadie quiere ir a un país en el que -según reflejaron los canales de TV de todo el mundo- se vive un clima violento.
• Para los pocos que se desplacen fuera del país, no convendrá utilizar la tarjeta de crédito. Si el viajero tiene dólares, sabe cuánto le costaron y cómo los obtuvo. En cambio, como los bancos liquidarán las compras al tipo de cambio que más les convenga (como sucedía en la década del ochenta), el precio final de sus gastos será una incógnita hasta la llegada de la liquidación. Se volverá al uso del cheque de viajero, aunque cabe recordar que su compra también está restringida por el «corralito».
• El fútbol acrecentará su crisis: todo jugador más o menos hábil se irá al exterior, porque sus contratos bajan y el dinero está en el «corralito». Los precios que pagarán los clubes que se los lleven serán menores en relación con los mercados mundiales.
• Quienes vendan al contado (heladerías, quioscos, florerías, etc.) tendrán un negocio adicional y una ventaja respecto de otros rubros comerciales: tendrán «cash» y podrán comprar y vender dólares y especular.
• La informática dará un gigantesco paso atrás, por la imposibilidad de importar aparatos de última generación. Las computadoras brasileñas son baratas pero incompatibles con lo que se usa en la Argentina, y de calidad inferior.
• Los argentinos deberán regresar a la City, a recorrer vidrieras de casas de cambio para conseguir el tipo de cambio más conveniente. Para los más jóvenes será una novedad; para los más veteranos, un «déjà vu» de épocas anteriores.
• ¿Vuelve el cartelito «Tarjetas suspendidas»? Si la inflación se dispara, desde ya. Si las subas de precios son «moderadas», regresará el cartelito «Descuento 10 (o 20 o 30) por ciento por pago al contado». Pero, como en virtud del «corralito» no hay efectivo...
• No deberían, en cambio, producirse grandes subas en el rubro servicios: colegios privados, peluquería, manicura, etcétera. Los principales componentes en la estructura de costos de esos sectores son salarios y servicios públicos (luz, gas, teléfono, etc.), que no subirán. Pero esto modificará también la estructura de precios relativos en la Argentina porque otros productos subirán.
• En los próximos seis meses se verificarán «cambios de domicilio» en números infrecuentes: durante ese tiempo los inquilinos renegociarán con sus locadores precios y condiciones de los contratos cobrados en dólares. Como es previsible que no todos lleguen a un acuerdo, habrá muchos locatarios que deberán buscar otro lugar donde vivir.
• Seguramente las empresas de TV por cable o satelital se verán obligadas a modificar su oferta de canales; para muchas que ya tienen graves problemas económicos (Multicanal, por caso, que debe u$s 1.300 millones) será imposible mantener la grilla de señales extranjeras que ofrecen hoy a sus abonados. Es que esos canales se pagan en dólares, y la actual situación económica hace impensable un aumento en el abono que pagan los usuarios.
• Tampoco serán frecuentes las visitas de artistas extranjeros, sobre todo estrellas. Si bien es cierto que los conciertos y recitales venían en baja desde el inicio del proceso recesivo, esta tendencia se acentuará.
• El «privilegio» del que gozaba la población argentina, de tener los estrenos de films extranjeros en forma casi simultánea, desaparecerá. De hecho, ya está sucediendo: la première de «El señor de los anillos» se canceló sine die.
• Muchos que tengan propiedades en el exterior (Miami, Punta del Este, Brasil, etc.) deberán desprenderse de ellas por la imposibilidad (económica y fáctica) de pagar expensas, impuestos, gastos, etcétera.
• Un buen número de restoranes de lujo, cuyos menúes se nutrían de exquisiteces importadas, deberán modificar su oferta, con lo que -obviamente- perderán buena parte de su atractivo.




Dejá tu comentario