11 de enero 2002 - 00:00

Quiebra de Enron se torna un escándalo

Washington (Reuters, EFE, AFP) - La quiebra de la petrolera Enron, la mayor en la historia corporativa de los Estados Unidos, amenaza con convertirse en un auténtico escándalo para el gobierno de George W. Bush, que tuvo conocimiento anticipado de los graves problemas financieros de la empresa texana.

Mientras las autoridades abrían una investigación criminal sobre la quiebra, el fiscal general, John Ashcroft, renunciaba ayer a participar en las pesquisas por un conflicto de intereses y una importante firma auditora reconocía que sus empleados destruyeron o hicieron desaparecer «un número significativo pero indeterminado» de documentos relacionados con el caso.

La Casa Blanca debió admitir que algunos de sus más altos funcionarios conocieron y discutieron privadamente el caso de Enron -un importante donante de fondos a la campaña de Bush-, aunque aclaró que éstos optaron por no ayudar al colapsado gigante energético.

El Departamento de Justicia anunció el miércoles que inició una investigación delictiva sobre Enron, que el 2 de diciembre se acogió a las leyes de protección por bancarrota. Su debacle lanzó a 20.000 personas al desempleo, devastó a numerosos inversores y acabó con los planes de retiro de muchos empleados.

Hace un año las acciones de la empresa se negociaban en el mercado de valores a un promedio de 80 dólares; su cotización el miércoles era de apenas 70 centavos de dólar.

Esa investigación y otras del departamento de Trabajo, la Comisión de Valores y cinco comisiones legislativas, se centran en si la compañía, alguna vez la consentida de Wall Street, pudo haber proporcionado información engañosa a los inversores sobre sus cuentas financieras. Asimismo, se estudia la posibilidad de fraude en las alianzas empresariales que causaron su endeudamiento.

• Problema

El derrumbe de Enron, con sede en Houston, Texas, podría convertirse en un problema político para Bush, ya que los legisladores demócratas podrían cuestionar los nexos de la firma con la Casa Blanca y con muchos asesores de alto rango del gobierno. También podría dañar a la firma de contabilidad que llevaba sus libros, Arthur Andersen, que ayer reconoció que algunos de sus empleados destruyeron documentos sobre su auditoría de Enron.

«En meses recientes individuos hicieron desaparecer un número significativo, pero indeterminado, de documentos» relacionados con la compañía Enron, reconoció en un comunicado de prensa Andersen, la quinta empresa de auditorías más grande de Estados Unidos. La cadena de información financiera CNBC afirmó, por su parte, que la desaparición de estos documentos -archivos electrónicos y en papel, así como correspondencia-, que sus fuentes calcularon en más de un millar, fue considerada como «muy grave» por un alto funcionario de la Comisión de Valores de la Bolsa de Nueva York (SEC).

En lo que pareció un esfuerzo por inocular a la Casa Blanca las repercusiones políticas de la bancarrota de Enron, Bush ordenó ayer revisiones gubernamentales de los reglamentos de pensiones de Estados Unidos y de las reglas sobre los informes que deben proporcionar las empresas para evitar casos similares. Bush, quien trabajó en la industria petrolera y conoce al presidente del consejo de Enron,
Kenneth Lay, desde que era gobernador de Texas, también dijo que nunca habló sobre las dificultades financieras de la firma con Lay y que la última vez que se reunió con él fue en la primavera (boreal) pasada.

«Nunca he hablado con el señor Lay sobre los problemas financieros de la compañía», aseguró Bush a periodistas.

El portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer, reveló en tanto que Lay llamó por teléfono al secretario del Tesoro, Paul O'Neill, y al secretario de Comercio, Don Evans, en el otoño (boreal) pasado, y les dijo que su compañía no podría cumplir con sus obligaciones.
Fleischer señaló que Lay sugirió la posibilidad de utilizar el caso de Long Term Capital Management (LTCM), un fondo de cobertura que se benefició de un rescate privado orquestado por la Reserva Federal de Nueva York en setiembre de 1998, como modelo para su compañía.

Tras estudiar el asunto y concluir que los problemas de Enron no tendrían el tipo de repercusiones sistémicas sobre la economía que se temieron en el caso de LTCM, O'Neill y Evans decidieron que «no se debería tomar acción alguna para intervenir», dijo Fleischer.

Otro de los miembros de la Casa Blanca que habría mantenido contactos es el poderoso vicepresidente
Richard Cheney.

• Cuestionamiento

«La comunicación no representa una falta. Lo que sucedió aquí fue que recibieron llamadas telefónicas y no tomaron medida alguna. Lo que se ha cuestionado es si el gobierno emprendió alguna acción y la respuesta de estos dos funcionarios es 'no'», dijo el vocero.

La portavoz del Departamento del Tesoro, Michele Davis, dijo que Lay llamó a O'Neill el 28 de octubre y el 8 de noviembre, después de que Enron divulgó el 16 de octubre que estaba asumiendo grandes cargos relacionados con algunas asociaciones, lo que ofreció la primera señal de su debacle.

Enron, sus empleados y sus directores han dado 623.000 dólares a Bush durante su carrera política, de 1993 a noviembre de 2001, según el independiente Centro de Integridad Pública, lo que lo convierte probablemente en el mayor donante individual en la carrera política de Bush.

El Departamento de Justicia dijo ayer que el fiscal general John Ashcroft decidió quedar fuera de la investigación que realiza el Departamento de Justicia sobre el caso, ya que recibió contribuciones de Enron y sus empleados, de 57.499 dólares, para su campaña en 1999-2000.

Con la bancarrota de la compañía, muchos empleados de Enron que tenían un gran número de acciones de la firma en sus planes de retiro se quedaron en el limbo, mientras que ejecutivos de altos cargos obtuvieron jugosas ganancias, vendiendo antes de una caída en el precio de la acción.

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