Es claro que existe una profunda convicción en el equipo del presidente Bush, lo suficientemente grande como para poner al mundo con los pelos de punta cada vez que se vuelve a agitar el fantasma de un posible ataque al gobierno iraquí. Tan es así que para algunos ya existe una fecha determinada para comenzar los ataques. La tradición sostiene que situaciones de este tipo suelen ser positivas para la inversión bursátil, que adelantaría con una suba general de los índices, ya sea el mayor gasto militar o el más simple optimismo que sobre la población genera una victoria militar. Lamentablemente esta vez la tradición parece estar totalmente errada. Si fuera sólo porque los índices responden negativamente a las situaciones que "calientan" más el marco geopolítico, no nos preocuparíamos. El problema es que el marco general es el que presenta el peor panorama. Sin ningún otro argumento más allá del temor, el oro ha trepado este año cerca de 25% convirtiéndose no sólo en una de las mejores inversiones del año, sino también alcanzando ayer en u$s 355 la onza el valor más alto de los últimos seis años y medio. Junto con esto tenemos la suba del precio del petróleo que, a pesar de cierta calma en las dos últimas sesiones, lleva acumulada una suba en torno de 35%, y la recuperación en el precio de varios de los commodities más importantes, en especial los favoritos para la especulación financiera. Lamentablemente con la desvalorización en torno a 14% que ha tenido el dólar frente al euro y 8% frente al yen y los treasuries "muy calientes", solamente queda aceptar que estamos en un escenario en el que los inversores están por algún motivo deshaciéndose de sus tenencias accionarías para volcarse preferentemente hacia alternativas fuera de los EE.UU.
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