La «historia oficial», para la estadística, dirá bien que en el reinicio cargado de expectativas, el Merval tuvo un rebote rayano en 3%. Importante. Pero la realidad de la fecha fue bastante distinta, en porcentajes exactamente el doble que lo que arribó al cierre. Y sin faltar nuevas cargas de temores, justificadas, como otro arreciar vendedor que no quería seguir corriendo riesgo de caídas verticales. Esta vez, los que pensaron más con las piernas que con la cabeza debieron ver un cambio de escenario, que generó no pocos disgustos a los de la oferta inicial.
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Viendo sólo las puntas, pareció simple rueda de repuntes, desgranando el desarrollo se advierte que se tocó un segundo piso -detrás del viernes con 1.163 puntos-y que llevó el índice a mínimos de solamente 1.132 puntos. En ese nivel, la plaza veía un derrape de casi otro 3%. Y, después, la aparición de un «barrido» fenomenal y el consecuente pararse de las ventas originaron una suba vertical que enjugó la baja fuerte intradiaria, llegó a un cierre de 1.198 puntos y dando por saldo ese 3% arriba. Que, medido entre mínimos y máximo (que coincidió con la marca del cierre), produjo un rebote de 6%, dentro de la rueda. Que así como mostró su faceta de optimismo renovado, o de dejar de transpirar, también evidencia un desorden y desarme del ritmo armónico. Que predispone a seguir viendo saltos, sin que nada quede afuera del nuevo menú semanal. Fascinante.
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