El gobierno anunció anoche un aumento de 16,5% para los militares activos (los retirados deberán hacer juicio para cobrarlo). ¿Se recapacitó al ver los resultados de la última elección porteña? El oficialismo sacó los peores números en los barrios donde viven los uniformados (Colegiales, Belgrano), porque no hay militar que hable bien del gobierno.
Néstor Kirchner encabezó anoche la llamada cena de camaradería de las Fuerzas Armadas, que este año se realizó en Campo de Mayo. Como ya lo había hecho en 2005, el Presidente aprovechó la cena de camaradería para anunciar un aumento en las remuneraciones del personal militar (sólo en actividad) semejante al que se otorgó a las fuerzas de seguridad.
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Mencionó al final de un punteo de las políticas implementadas por el ministerio a lo largo de 2007 que por Decreto N° 871 se extendía una recomposición salarial a las Fuerzas Armadas. La tarde de ayer, el ministro de Interior, Aníbal Fernández, presente en la comida, había comunicado a los titulares de Gendarmería, Prefectura Naval, la Policía Federal y la Policía Aeroportuaria un aumento escalonado de 16,5 por ciento equivalente al que ya se concedió a toda la administración pública nacional.
Organizada por el Ejército -cada año le toca a una fuerza diferente-, Kirchner compartió la mesa principal junto a la ministra Nilda Garré -recién arribada de su gira por España y Alemania-; el jefe del Ejército, Roberto Bendini (anfitrión), quien fue el centro de críticas desde el gobierno y agrupaciones de derechos humanos por haber propuesto «cicatrizar las heridas» del pasado; y también estuvieron el jefe del Estado Mayor Conjunto, Jorge Chevalier; el jefe naval Jorge Godoy y el aviador militar Normando Costantino.
Kirchner, quien, como se sabe, lleva una dieta estricta, sólo comió pollo trozado (las instrucciones dicen que la presa debe conservar su forma como si estuviese entera) con verduras grilladas y bebió agua mineral. El resto de los comensales disfrutó de crepes de espinaca y ricota con salsa cuatro quesos, tournedos de lomo con paquete de espárragos, zanahorias glaseadas y papas orientales, y de postre, tornino de chocolate y peras con salsa de mango y pomelo.
Hubo invitados especiales, entre ellos, el vicepresidente Daniel Scioli, que no concurrió porque está en París; Alberto Fernández, jefe de Gabinete; el ministro de Interior, Aníbal Fernández, el canciller Jorge Taiana y el senador José Pampuro. Concurrieron también legisladores de las comisiones de Defensa de ambas Cámaras, más el intendente de Morón y de Tres de Febrero.
Frente a un auditorio conformado por efectivos de las tres fuerzas, en su mayoría personal de altas jerarquías, no como en años anteriores en que la invitación abarcaba también a oficiales de menor graduación, Kirchner dio respuesta a uno de los mayores reclamos castrenses: los salarios. Otra vez, a contrapelo de la ley, se excluyó a los retirados, que no percibirán el aumento ya que se da sólo al personal en actividad como suplemento no remunerativo y no bonificable.
Queda la puerta abierta a una nueva catarata de juicios contra el Estado, idéntica a la que se inició en la década del 90 y que terminó pagándose con bonos del Tesoro durante la gestión de Eduardo Duhalde. Es una apreciación extendida en el ámbito castrense que la decisión política de desenganchar a los uniformados en retiro de las subas salariales apunta a modificar su estatus legal y llevarlos a la categoría de simples jubilados. En este esquema se entendería el inminente traspaso del IAF, la caja previsional de los militares, a control político bajo la órbita de un funcionario del Ministerio de Defensa y dos directores pertenecientes a los ministerios de Economía y Trabajo. Nada dijo de cómo paliar la crítica situación del equipamiento militar ni del estado de indefensión de las fuerzas por la carencia de munición de guerra. Eso sí, detalló con números exactos las erogaciones de emergencia que se asignaron a las tres fuerzas como consecuencia de varios accidentes de aviones, el incendio del rompehielos Irízar y la falta de blindados.
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