Recorte en ANSeS en intento de calmar a los mercados
Los funcionarios del gobierno se enfrascaron anoche en una larga discusión sobre la conveniencia de poner orden en sectores clave de la administración, como son el PAMI y la ANSeS. Los mercados han tomado la realización o la ausencia de estas reformas como una señal del camino hacia el que se dirige el gobierno. Los últimos datos conocidos influyeron para que se extendiera el desaliento: la escena fue ganada por los dirigentes menos proclives a encarar cualquier organización (como Raúl Alfonsín, Leopoldo Moreau), y el Presidente se limitó a hacer gestos inconvenientes para la inquietud que existe entre los inversores. Por caso, se reunió con todos los sectores del sindicalismo mostrándose complaciente con sus pedidos y hasta con sus amenazas (los de la CGT rebelde, en pleno almuerzo, le anunciaron una huelga más que agregarán a las cinco ya realizadas). Sin embargo, fue la inoportuna aparición de Alfonsín lo que más alarmó a quienes temen ya por la incierta crisis del país. El ex presidente habló como si fuera el jefe del gobierno, revelando que él pide renuncias (la del gerente de la ANSeS, por ejemplo, a quien envió a competir por una senaduría) y formula anuncios. Con un exhibicionismo casi desdoroso para la investidura presidencial, Alfonsín señaló que lo que necesita hoy la Argentina no es más austeridad sino aumentar el gasto público. Importa lo de Alfonsín -su imagen es un emblema del descalabro económico-, también por lo que representa: toda una línea del gobierno que resiste cualquier ordenamiento que pueda llevar adelante Domingo Cavallo. Esa facción está integrada por el ministro Héctor Lombardo, los hijos del Presidente, Rafael Pascual y hasta Leopoldo Moreau, que ayer aconsejó "si llegara el caso, devaluar" la moneda. Demasiado para la resistencia que ejercen Chrystian Colombo y Patricia Bullrich.
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Cavallo también adelantó que durante la semana próxima habrá nuevos anuncios de medidas tendientes a reducir la demanda de créditos para financiar a la administración pública. El ministro indicó además que los gobernadores provinciales «han mostrado buena predisposición» en los últimos diálogos mantenidos con el gobierno.
«Estoy seguro de que los gobernadores van a recortar el gasto donde se puede y se deba y no van a reducir los gastos sociales», añadió, en el marco de las negociaciones que viene manteniendo el Ejecutivo nacional y las provincias.
En ese primer round, De la Rúa, Cavallo y Chrystian Colombo revisaron a fondo el proyecto de decreto para evaluar el nivel de reducción del gasto que producirá la reforma. Una primera estimación no fue del todo satisfactoria: llegaría a los $ 50 millones y con efectos recién sobre el final del ejercicio 2001.
Cavallo, que tiene en Colombo y Patricia Bullrich a sus principales aliados en esta puja, insistió en que una gestión eficaz podría aumentar el monto del ahorro. Más si se suma el proyecto que lleva adelante Armando Caro Figueroa para reducir el fraude en la concesión de jubilaciones y pensiones y el pago de asignaciones familiares a empresas y empleados fantasmas. Ese fraude, entiende el programa que se desarrolla en la Jefatura de Gabinete, se hace merced al consentimiento de sectores de la burocracia del actual sistema que se conmoverá con la reforma que firmará hoy De la Rúa cuando regrese de Tucumán. El ahorro si se elimina el fraude está calculado en $ 400 millones al año.
Luego de la reunión con el equipo económico que le llevó toda la tarde, Cavallo participó hasta la noche en una segunda reunión del Presidente con Colombo, Bullrich, Caro Figueroa y Nicolás Gallo. Allí se decidió responder con el perfil más bajo a la expectativa del mercado sobre pronunciamientos públicos ante la apertura de hoy (feriado local, pero con operaciones en todo el mundo). Lo mandaron a Juan Pablo Baylac a jugar al golf y le ordenaron cerrar sus celulares para que no se tentase con alguna declaración poco oportuna.
En esa reunión que el Presidente extendió con unos pocos ministros (Cavallo y Caro se retiraron pasadas las 22) con una cena en el quincho de la residencia presidencial también se volvió a discutir el nombre de quién asumirá como interventor-gerente de la ANSeS. Bullrich volvió a sostener a Douglas Lyall, un funcionario que la acompañó en el área penitenciaria de Justicia y que en la nueva función tendría el rango de secretario de Estado. La ministro ha logrado que ese nombre lo admita como bueno hasta Alfonsín, que anunció en un reportaje del fin de semana que sería Lyall el reemplazante del radical Rodolfo Campero. Cavallo también lo tolera, pero ha negado que sea un hombre de él; sí que le responde a su aliada Bullrich.
Igual Cavallo, a través de Caro Figueroa, tendrá potestades de vigilancia con una comisión que ya funciona y que asumirá tareas de auditoría. Esa misma función tiene el dúo Cavallo- Caro en el PAMI desde los tiempos de Federico Polak y tendrá más gravitación ahora con Raúl Pistorio.
Al explicar los anuncios de anoche, Cavallo destacó que las iniciativas tienden a «eliminar la burocracia y la corrupción», y afirmó que «no va a haber reducción del gasto social, pero se va a buscar que el ciento por ciento llegue a sus beneficiarios legítimos».
En tanto, le pidió a los mercados que «confíen en la seriedad de la dirigencia argentina, porque entendemos el mensaje que nos envían», y de este modo hizo referencia a la necesidad de bajar el gasto público.
Al respecto, indicó que el gobierno tiene que «ser cada vez más claro en nuestra comunicación con los mercados, pero el mensaje más claro será la reducción de las demandas de créditos por parte del sector público».
En esa línea, aseguró que la Argentina «va a cumplir las metas fiscales» pactadas con los organismos multilaterales de crédito.
Por otra parte, el ministro negó que esté pidiendo a De la Rúa mayores poderes de los que ya posee, y aseguró que el Gabinete nacional «está trabajando cohesionado». Asimismo, el ministro aseguró que el gobierno quiere que «la reactivación se dé de inmediato», y admitió que la gente está golpeada por «una recesión que se ha tornado agobiante».




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