8 de enero 2002 - 00:00

Remes contó al gabinete cómo piensa convencer al Fondo

Todos estaban aprendiendo, como en una clase. Eduardo Duhalde, que presidía por primera vez el gabinete nacional. Los ministros, que debían desentrañar con velocidad los gustos y fobias del mandatario. Una tarea más exigente para quienes lo desconocen, como los radicales Jorge Vanossi y Horacio Jaunarena, ávidos por conocer. Si hasta tenía algo de escolar la escena, con Chiche de Duhalde, maestra de alma, sentada en la cabecera al lado de su esposo como si el gobierno se tratara de un bien ganancial. Ese fue el clima que dominó, ayer, la primera reunión del gabinete nacional.

Inauguró la ceremonia el Presidente designado y agradeció a los legisladores que estaban allí por la sanción del «Plan Reyes», realizada con una rapidez inédita. Agradecieron con la cabeza, sufridos, José María Díaz Bancalari, José Mallans y María Cristina Perceval.

Después se lanzó a un largo rap Jorge Remes Lenicov. Pausado y didáctico, explicó sus próximos pasos con paciencia. Empezó contando que dedicaría casi todo el día a redactar los decretos que articularían el texto de la ley y, además, redactaría un proyecto de reforma a la Carta Orgánica del Banco Central para regular su comportamiento en el marco del nuevo régimen cambiario. «Lo estamos haciendo con Lisandro Barry, con el que voy también a analizar la negociación de la deuda» detalló el ministro.

No parecía ser ésa la tarea que más inquietaba a Remes ayer por la mañana. Su desvelo venía del presupuesto nacional. Explicó que lo quiere mandar al Congreso, a más tardar, cuando finalice la semana que viene. Le preguntaron si sabía lo que espera el Fondo Monetario de esa ley y él intentó quitarle dramatismo a la cuestión: «Ustedes saben -dijo- que la misión del Fondo está en Buenos Aires desde el sábado. (Tomás) Reichman está trabajando con nosotros y nuestra premisa principal es hacer una propuesta creíble. Están cansados de que los engañemos». Al respecto hubo un recuerdo para Domingo Cavallo y el ministro volvió sobre la idea: «Todos los que hablan con nosotros desde los Estados Unidos nos dicen lo mismo, es decir, que hagamos un plan sustentable que la plata está para auxiliarnos». Después adelantó que tiene pensado viajar a Washington recién a fin de mes.

• Interrogante

Cuando se mencionó un «presupuesto creíble» varios ministros comenzaron a preguntar sobre la dimensión de los recortes. Remes no quiso dar detalles y pateó la pelota hacia «campo adversario»: «El jueves nos vamos a reunir con los gobernadores y vamos a analizar todo con ellos». Nadie quiso en público decir que, entre otras cosas, se negociará una modificación a la suma fija que se les prometió a las provincias desde hace dos años ($ 1.360 millones por mes), tampoco a los adicionales que de manera más o menos clara se les fueron transfiriendo a los gobiernos del interior. Pero, con medias palabras de Remes, de Rodolfo Gabrielli y de Jorge Capitanich, en la reunión de ayer quedó claro que habrá una propuesta sencilla para los mandatarios: deberán resignar recursos a cambio de que se renegocien sus deudas con los bancos, de tal manera que paguen menos tasa y en un plazo más largo. «Deben ser tratados como deudores que fueron afectados por la devaluación en 40%» definió uno de los ministros, de origen provinciano.

La discusión entre el gobierno central y las provincias, se conjeturaba ayer en el gabinete, será apasionante. Los gobernadores deberán vérselas con Oscar Lamberto, secretario de Hacienda que hasta hace pocos días asesoraba a los gobiernos del interior sobre cómo conseguir más ventajas fiscales de la Nación. Lamberto sabe, por ejemplo, que Cavallo y Jorge Baldrich se comprometieron con los mandatarios provinciales en $ 2.000 millones anuales más que los previstos.

Cuando escuchó hablar de renegociaciones de deudas, José Ignacio «Bocha» de Mendiguren sintió que lo llamaban. No contento con la devaluación (que tanto beneficia a quienes lo sostuvieron como presidente de la UIA y director del Banco Nación), pidió que se tuviera en cuenta la dificultad de las compañías endeudadas en dólares. Aconsejó darles un tratamiento especial, cualquiera sea su dimensión. Después pasó a la política exterior y, mirando fijo a Carlos Ruckauf, le recomendó ser duro con Brasil: «Hemos tenido pésimos negociadores en los últimos años y han cometido el error de estar desvinculados del empresariado. Con los brasileños hay que ser duros» instruyó. Todavía estaba hablando y Duhalde, cuya imaginación había abandonado la sala hacía rato, interrumpió a De Mendiguren: «El otro día hablé con (José María) Aznar que se me quejó por la situación de las empresas españolas. Yo le contesté que las tarifas que cobran aquí son muy superiores a las que cobran en España y que, por lo tanto, nuestros negociadores habían sido muy malos, los de las empresas muy buenos o ambos muy corruptos». Le gustó a todos el aforismo, casi zen, pero el futuro ministro de la Producción no llegó a entender que Duhalde lo había cortado porque ya no soportaba su largo sermón. El resto sí aprendió la lección: de ahora en adelante sólo explicaciones breves, concretas, para agradar al Presidente.

Ruckauf, que a pesar de los porrazos conserva algunos reflejos, les dijo a todos que viajaría a Brasilia a entrevistarse con su colega Celso Lafer y que la gestión de Adalberto Rodríguez Giavarini le parecía impecable. A diferencia de De Mendiguren, el ex gobernador advirtió lo obvio: en el cónclave estaba Horacio Jaunarena, cuyo eterno aire de espía combina ahora más con su función. Inevitablemente informaría a su íntimo amigo Giavarini sobre las diatribas de De Mendiguren. A la salida de la reunión varios ministros hicieron escarnio de la falta de picardía de este industrial. «Es nuestro David Expósito» dijo uno de ellos, por la corta duración que promete su paso por el oficialismo, debido a su incontinencia verbal. «El día que tengamos que hacer un gesto agradable al sector más ortodoxo de la economía le vamos a tener que cortar la cabeza, pobre 'Bocha'...», reflexionó el mismo funcionario, mientras perdía la vista en el Patio de las Palmeras.

Ruckauf dio algunas precisiones sobre su traslado. Comentó que se haría acompañar por Jorge Hugo Herrera Vegas, ex embajador en Brasil y acaso el argentino más calificado para negociar con Itamaraty. El canciller dijo, además, que se propone importar insulina desde Brasil para inducir a la baja del precio en el mercado local. Nadie hubiera creído en este gesto hace dos años, cuando casi quema la bandera verde y amarilla en la provincia de Buenos Aires.

• Negociación

Las inquietudes de De Mendiguren por las empresas endeudadas llevó a otro asunto espinoso: la negociación con las petroleras. Entre Capitanich, principal negociador de la retención que se pensaba aplicar, y Remes, informaron sobre el estado de la cuestión. Al parecer se les pedirá la suscripción de un bono o que dispongan de sus exportaciones para garantizar un préstamo internacional. «Hay un error de cálculo si pensamos que todo el dinero que necesitamos para compensar a los bancos por la pesificación lo vamos a sacar de un solo sector exportador, aunque sea el más rico» dijo uno de ellos.

Todos se adormecían a esta altura, pero los despabiló la voz de Chiche de Duhalde, quien cerró la reunión explicando su programa de acción social. Mientras los ministros tomaban nota, les expuso su intención de confeccionar un padrón nacional de asistencia que consigne todas las prestaciones sociales, siguiendo el ejemplo del que ya se hizo en la provincia de Buenos Aires en materia de trabajo. Relativizó la idea de nacionalizar a las manzaneras, pero adelantó que daría participación a Cáritas y a su titular Jorge Cassaretto en la distribución de los recursos aunque no en su auditoría. Después se informó que la cartera de Salud se unificaría con la de Acción Social. A nadie le pareció necesario conocer la identidad de quien maneje esa suculenta masa de recursos y de poder: sea quien fuere el ministro, acababa de quedar claro a quién debería subordinarse.

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