Esta vez prácticamente todas las noticias que podían resultar negativas lo fueron y, a diferencia de otras veces, el mercado accionario lo recibió en pleno. Tanto que los papeles tecnológicos fueron los que vivieron lo peor del día. En el exterior, el recrudecimiento de la crisis entre Israel y Palestina, el ataque al Parlamento de la India, el recrudecimiento de bombardeos sobre Afganistán, y el Banco Central Europeo, que redujo sus proyecciones de crecimiento para 2002. Desde lo político, la decisión del presidente Bush de repudiar unilateralmente los acuerdos de limitación de armas nucleares con Rusia, que pasó a un segundo plano tras la difusión del video de Bin Laden. A esto se sumaron los anuncios de nuevos despidos de personal por Atenía, AMD, y otro grupillo de empresas de primera línea que en las últimas 24 horas anunciaron que dejarán a cerca de 20.000 empleados en la calle. Boeing, Ciena, Lucent y otras empresas realizaron advertencias de una caída mayor que la esperada en las ganancias del último trimestre o que no esperan una pronta recuperación en sus ventas. Desde la macroeconomía, vino el anuncio de que las ventas minoristas del último mes registraron la mayor caída desde que se calcula el dato. Pero por encima de cualquiera de estos datos o de todos ellos lo que primó fue que hasta los inversores mas "eufóricos" comenzaron a plantearse si el mercado accionario no habrá crecido por encima de lo que le permiten las realidades económicas. Casi como se podía suponer, lo peor se vivió entre las fabricantes de semiconductores, que se desplomaron 6,8% en promedio, en tanto el NASDAQ caía 3,23% y el promedio industrial, 1,3% para cerrar en 9.766,45 puntos. Pensar que apenas el martes, el "tío Alan" nos regaló otro corte de tasas. Desde entonces, el Dow perdió casi 300 puntos.
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