"Se ha montado una bomba de tiempo"
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Carlos Rodríguez Braun afirmó desde España que los comerciantes no tienen ninguna responsabilidad en la inflación, por lo que «perseguirlos o pactar con ellos sólo pretende encubrir la realidad».
P.: ¿Qué opina de lo que ocurrió en el INDEC?
C.R.B.: Por un lado, es una payasada bochornosa. Y, por el otro, una escalofriante muestra de totalitarismo.
P.: ¿Cree que existe división entre heterodoxia y ortodoxia en la economía actual?
C.R.B.: Interesante propensión taxonómica, pero engañosa. ¿Bajar los impuestos qué es? ¿Y subirlos? ¿Y privatizar la Seguridad Social, por ejemplo? Esto quizá obedezca a la necesidad de simplificar lo complejo, pero debería tener algún límite. Por eso, si la pregunta es si pienso que en la economía, hay cosas más o menos lógicas y monstruosos disparates, la respuesta es que sí.
P.: ¿Es posible, sin embargo, identificar elementos ortodoxos y heterodoxos en el modelo actual?
C.R.B.: La palabra «modelo-» transmite la idea de que los gobernantes tienen la capacidad intelectual de representar verosímilmente la realidad económica en su rica complejidad y de aplicar políticas coherentes entre sí que apunten al mayor bienestar de la sociedad. Esta idea es falsa. Más modesto, y creo que más razonable, es pensar que los gobernantes quieren maximizar su poder para lo cual estarán dispuestos a adoptar prácticamente cualquierconjunto de medidas que crean que pueden «vender» a los electores: por ejemplo, subirles los impuestos pero alegar que son «ortodoxos» porque mantienen un determinado superávit fiscal. El que las medidas de política económica sean incompatibles entre sí -o sea, que no constituyan ningún «modelo»- y provoquen al final catástrofes es algo que a los gobernantes les preocupa relativamente poco.
P.: ¿Existe posibilidad de freno al crecimiento económico argentino?
C.R.B.: Creo que sí, precisamente porque no hay un modelo coherente y ya ha pasado un tiempo suficiente como para que emerjan algunas de sus consecuencias, como la presión inflacionaria.
P.: ¿Considera acertada alguna de las medidas económicas actuales?
C.R.B.: Al no haber modelo, sino un conjunto de medidas contradictorias cuyo objetivo no es económico sino político, no es posible identificar alguna.
P.: ¿Por qué decidió irse a vivir a España?
C.R.B.: Soy un exiliado de la dictadura militar. Parafraseando al humorista español Miguel Gila, que decía: «Cuando yo nací, mi madre no estaba en casa», yo nací a finales de 1976, porque vinieron a secuestrarme y no estaba en casa. Era un joven de la izquierda peronista pero no un terrorista, entonces tenía la desventaja de que ninguna organización me protegía. Por eso vine con mi familia a Madrid hace treinta años.
P.: ¿En qué momento pasó de sus pensamientos de izquierda a sus ideas de corte liberal?
C.R.B.: A finales de los años 70 estudié el doctorado con Pedro Schwartz en la Universidad Complutense. El había transitado hacía poco del socialismo al liberalismo y fue la persona que más me ayudó a dar los primeros pasos para alejarme del discurso único y convencional de la izquierda. El primer libro «diferente» que me recomendó lo había escrito su maestro Karl Popper: «La miseria del historicismo». Ese libro me hizo dudar de una pretensión crucial de la izquierda y una de las razones fundamentales que explica su totalitarismo: la pretensión, muestra cabal de «fatal arrogancia», como diría Hayek, de conocer las leyes de la historia.
Entrevista de María Iglesia




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