La demanda de campos podría agilizarse en los próximos días con la entrada en vigencia de la utilización de los plazos fijos para la adquisición de inmuebles.
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De esta forma, el mercado de tierras productivas se reactivaría luego de un año de parálisis, cuando sólo se registraron negocios ocasionales y, generalmente, a precio de «oportunidad».La compraventa de campos se frenó con la implantación del «corralito» financiero pero la nueva medida lanzada por el Banco Central podría incentivar las compras individuales o grupales de tierras productivas. La reactivación se daría en la franja de mercado que abarca explotaciones que rondan entre 500-3.000 hectáreas, según admitían ayer algunos operadores.
Con esta situación quedarían expuestos los nuevos precios de campos, que fijados en dólares, muestran una depreciación de 20%/30%, según las tasaciones últimas. De hecho, la zona top de la Pampa Húmeda -por caso, Junín, Pergamino- que llegó a cotizarse a fines de los '90 en 4.500/5.000 u$s/ha se valuaba en noviembre a u$s 3.600-3.700/ha, entre 5% y 10% menos de lo tasado a principios de 2001 cuando todavía se aceptaban valores cercanos a los u$s 3.900-4.000 por hectárea.
Hoy, según estimaciones optimistas, la cotización máxima de una hectárea en la mejor zona de producción argentina se ubicaría en u$s 3000/3.100 para campos con buenos accesos y buena infraestructura. Sin embargo, estimaciones por campos de condiciones regulares, aun en la misma zona maicera, podrían caer hasta u$s 2.500 por hectárea.
La zona triguera -por caso, Tres Arroyos y Necochea-solía ubicarse en un rango de 1.700/ 1.800 u$s/ha. en la época de esplendor de la agricultura cuando se hablaba de buenos precios y mejores cosechas. Si bien los valores se mantuvieron estables al año pasado al ritmo de una buena perspectiva para el trigo el precio de una hectárea se ubicaba en noviembre a u$s 1.200/ 1.300 ha. Hoy, en dólares, se ubica en u$s 900-1.000.
Los precios de campos habían caído entre 15% y 20% el año pasado como consecuencia de la inestabilidad financiera que paralizó las inversiones internas y externas, hechos que se sumaron a los recortes de la rentabilidad de la actividad agropecuaria, el índice que habitual-mente marca tendencia en el mercado. Mientras la oferta de inmuebles rurales crecía, el año pasado, al ritmo de los problemas productivos y la falta de crédito un dato llamó la atención de los operadores a partir de setiembre cuando se registró una ola de interés sobre campos en la pampa húmeda. Pero esta actitud quedó desdibujada sin modificar la deprimida tendencia debido al avance de las inundaciones en las principales zonas de producción.
El sector más golpeado continúa siendo el de campos ganaderos que, afectados por el problema de la fiebre aftosa, sufrieron los coletazos de recorte de rentabilidad de la actividad. Los precios de explotaciones tanto de cría como de invernada se reacomodaron en bajas de hasta 20% el año pasado según las últimas operaciones concretadas.
Con la reapertura del mercado de la carne a Europa podría reactivarse también la demanda de estas explotaciones. Si la flexibilización del «corralito» continúa podría esperarse un repunte en la compra de hacienda para capitalización, una actividad que podría mostrar -en una situación normal-márgenes en alza. Una hectárea en zona de invernada (Trenque Lauquen, Villegas) se ubicaba en noviembre a u$s 1.000/1.200 por hectárea.