4 de abril 2001 - 00:00

Se tensa aun más la relación con Brasil: no vendrá Cardoso

Fernando Henrique Cardoso suspendió ayer la visita que tenía pensado realizar a Buenos Aires para el 16 y 17 de abril. Los diplomáticos argentinos intentarán disimular la agresividad de ese gesto diciendo que la agenda no había sido fijada de manera definitiva; que, en todo caso, se trata de una postergación. Pero la determinación de Cardoso expresa una queja por lo que considera un giro político del gobierno de Fernando de la Rúa. Para el gobierno brasileño la incorporación de Cavallo al gabinete supuso el abandono de una política de apoyo del Mercosur en favor de que se acelere la integración del ALCA como zona de libre comercio. Cuando Cardoso adoptó su decisión, Guillermo Mondino, jefe de asesores de Cavallo, todavía no había dicho que la Argentina pretende seguir los pasos de México y Chile, y convertirse en el tercer país latinoamericano en firmar un tratado de libre comercio con los EE.UU. Fue ayer en Nueva York.

"En rigor, no había una fecha establecida de manera definitiva." Esta fue la manera con la que un diplomático argentino de alta jerarquía quiso ayer disimular el grado de tensión que expresa el gesto de Brasil: Fernando Henrique Cardoso suspendió la visita que tenía pensado realizar a Buenos Aires para el 16 y 17 de abril. La decisión de Itamaraty se adoptó después de un ciclo de desencuentros que se sucedieron desde la incorporación de Domingo Cavallo al gabinete de Fernando de la Rúa y de los que participan también los Estados Unidos.

El gobierno de Cardoso se mostró comprensivo con los argumentos que ofreció Domingo Cavallo cuando viajó a Brasilia acompañado por Adalberto Rodríguez Giavarini, para explicar por qué a la Argentina le resultaría inevitable abandonar la política arancelaria común. «Entre las finanzas y el comercio elegimos las finanzas porque nos resulta evidente que no puede haber Mercosur sin la Argentina. Y si ustedes no resuelven su problema financiero la viabilidad de la integración estará más comprometida que ahora», explicó un diplomático brasileño a este cronista a las pocas horas de que se realizara aquella cumbre. Sin embargo, hubo en esas tratativas una posición que excedía lo tolerable para el gobierno de Cardoso. Cavallo hizo saber claramente que «una oferta de los Estados Unidos para acelerar el ALCA por nuestra cuenta sería para nosotros imposible de resistir desde el punto de vista político». Celso Lafer (ministro de Relaciones Exteriores), Alcides Tapias (ministro de Desarrollo) y Pedro Malan tomaron nota de esa postura y se convencieron de que, en rigor, Cavallo se aprovechaba de la crisis financiera para adoptar un diseño de integración que ya venía defendiendo sin que hubiera nubarrones en el horizonte argentino.

El mismo ministro de Economía se encargó de confirmar lo que los brasileños vislumbraban: «La última semana de marzo voy a presentar un libro -adelantó- en el que aparecerán las ideas del doctor Cavallo; no deben ser interpretadas como las ideas del funcionario público». Es cierto, en el libro-reportaje que lanzó a las librerías el viernes pasado, el cordobés confiesa su preferencia por mantener el Mercosur como área de libre comercio y no como unión aduanera, que es el estatus que conservó hasta que la Argentina pidió separar su propia política arancelaria.

Los entredichos que se produjeron esta semana -cierre de la frontera a los productos agroalimentarios argentinos por parte de Brasil y quejas por la inclusión de teléfonos celulares y productos de la industria electrónica en el listado de bienes de capital a los que se les bajará el arancel a cero-fueron ácido sobre una herida ya abierta.

Convalidación

A pesar de que su primer definición de política internacional fue el «relanzamiento del Mercosur», el gobierno de De la Rúa convalidó sin chistar la gestión de Cavallo en este punto (curiosa unanimidad para un gabinete que casi se quiebra en la discusión del voto sobre los derechos humanos en Cuba). Adalberto Rodríguez Giavarini apenas recomendó «explicar a nuestros socios lo que vamos a hacer» e impulsó la visita a Brasilia.

Para comprender el malestar de Cardoso y su gobierno deben integrarse estas discusiones y negociaciones con otro acontecimiento de los últimos días. El presidente de Brasil visitó a George W. Bush y el encuentro fue casi un fracaso. Duró 17 minutos, de los cuales 5 estuvieron destinados a analizar la crisis financiera argentina (como informó este diario en su edición de anteayer). La reunión de ambos presidentes se malogró a raíz de un conflicto interno del gobierno norteamericano que se encargó de ventilar la prensa brasileña (sobre todo «Folha de Sao Paulo», el lunes): Itamaraty había negociado con el representante comercial norteamericano (USTR) Bob Zoellic un acuerdo por el cual Washington se comprometía a admitir que el ALCA no entraría en vigencia antes de 2005 a cambio de que Brasilia accediera a adelantar el período de presidencia conjunta de las negociaciones con Estados Unidos. Esta determinación brasileña tal vez hubiera sido clave para que Bush pudiera conseguir rápidamente la autorización del Congreso para avanzar en las negociaciones continentales.

Tesis

Sin embargo, el documento de Zoellic quedó postergado en favor de la postura del Departamento de Estado. Colin Powell impuso su tesis: la fecha para culminar las transacciones debe adelantarse, como admiten Chile, Uruguay y también la Argentina (Giavarini habló con Powell de 2004). Acaso el secretario de Estado ya contara con información precisa sobre los propósitos últimos -políticos, no comerciales ni financieros-de la reforma arancelaria de Cavallo. Tiene lógica: el ministro podrá ofrecer hoy, en su desayuno con Paul O'Neill, una contribución importante a las pretensiones de Bush, quien puso al ALCA como prioridad de su política exterior al menos en este primer tramo de gestión (es lo que explica a sus interlocutores porteños James Walsh, su embajador en la Argentina). Algo similar podrá percibir hoy, cuando llegue a Buenos Aires, Donald Evans, el secretario de Comercio de los Estados Unidos.

Queda por saber cuál será el efecto que tendrá en De la Rúa y en Rodríguez Giavarini la suspensión de la visita de Cardoso. Tal vez se resignen a que con la incorporación de Cavallo existe una nueva estrategia «a la que sería imposible resistir desde el punto de vista político», por usar las palabras del titular de Economía ante los brasileños. Aunque cabe suponer lo contrario: que el país está ante la primera crisis de gabinete por el giro de la política exterior. Después de todo, De la Rúa y Giavarini encontrarán un aliado inesperado si quieren resistir ante Cavallo. Se trata de Carlos Ruckauf, quien en alusión al ALCA dijo ayer: «No conviene ir solo a la cama del gigante». Inusual homenaje del gobernador al canciller de Carlos Menem, Guido Di Tella, padre fundador de una escuela retórica en materia internacional. Sólo que Ruckauf lo superó en audacia: ahora las relaciones, además de carnales, deben ser colectivas.

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