A medida que se verificaban actuaciones de títulos accionarios locales en Nueva York, bajo la forma de ADR, iban quedando menores ansias de ver abrir las puertas del recinto porteño. Acaso era preferible que todo siguiera en un freezer esperando algún estímulo positivo -si es que podía sacarse de algún lado- que exponerse al degüello seguro, en tren de reacomodar las estanterías de Buenos Aires a las remarcaciones negativas de Wall Street y sus muchachos, que no quieren ni oler papeles de etiqueta local.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Son muchas horas de operatoria que se acumulan, en haber salido del circuito del Merval, pero que se recorrieron en los otros recintos del mundo.
Y ver cómo se clausuró el año operativo, en función de cómo están esos certificados internacionales, implica descender en cascada y con aperturas ciertamente muy duras para el ambiente local. El antes y el después de ciertas medidas, como los impuestos a exportadores clave, más un férreo cordón a la liquidez, y la devaluación incluida, son elementos que la otra Bolsa -la de 2001- no pesaba en sus valuaciones. Un escenario nuevo, no precisamente fértil para los activos de riesgo, que precisan caudal muy activo en liquidez, proclive a ajustar sus clavijas por el flanco de las bajas, tal como indican las señales llegadas del Norte para acciones y bonos. Es así.
Dejá tu comentario