8 de enero 2002 - 00:00

Siguen los aumentos: ahora las gaseosas subieron 10%

Ayer fue un día de febriles reuniones en los directorios de las principales empresas que actúan en el país. El temario casi excluyente: cómo adaptarse a la nueva realidad económica post-devaluación.

Pero para quienes albergaban la injustificada esperanza de que no se producirían aumentos de precios, sólo por la voluntad de los funcionarios y las promesas de algunos empresarios, ayer la realidad comenzó a demostrar ser más tozuda que los deseos: Coca-Cola y BAESA (Pepsi, Seven-Up, etc.) incrementaron sus precios en 10% promedio. ¿La justificación? Según sus voceros, «el brutal impacto de la devaluación en el costo de las bebidas, por sus componentes importados» (sobre todo en los envases). En una de las empresas, además, adelantaron que algunas líneas de productos «podrían dejar de fabricarse porque el precio al que habría que venderlos sería tan alto que resultaría difícil encontrar compradores, en la actual situación económica».

Ante esta realidad, las dos preguntas de la hora para los empresarios son básicamente las siguientes:

¿Hasta dónde absorberá el mercado los aumentos que -de manera inevitable-se avecinan en los precios al consumidor?

¿Llegó la hora de volver a proveerse de productos fabricados localmente, dejando de lado los importados (en la medida en que esto sea posible)?

«Es demasiado pronto para decir qué vamos a hacer; llámenos mañana o pasado»,
fue la casi unánime respuesta de los empresarios consultados. Sin embargo, una recorrida por algunos de los sectores a los que debería golpear la devaluación del peso arrojó los siguientes resultados:

La principal cadena -de hecho la única que queda en el país, luego de adquirir a su principal competidora-en el negocio del «hágalo usted mismo» estaría armando una cadena de proveedores locales de muebles y artefactos hogareños (no electrónicos) para reemplazar a los que trae desde lugares del mundo tan disímiles como Brasil o Corea. En la empresa -se trata, obviamente de Easy Home Center, que hace poco más de un mes se quedó con la filial local de la estadounidense Home Depot-se negaron a confirmar o desmentir la especie.

Los principales operadores de cable y TV satelital del país comenzarán esta misma semana a renegociar los contratos con los proveedores de señales, cuyos «fees» están fijados en dó-lares.
«Es imposible seguir pagando lo que se paga hoy con la nueva paridad cambiaria, y también es imposible tocar los precios: estamos previendo grandes deserciones de abonados aún sin aumentar el costo, porque muchos no estarán en condiciones de pagar», dijo a este diario un alto ejecutivo de una de las empresas del sector. El empresario admitió que era esperable que los operadores se unan en esa negociación. «Lo que se paga por señales extranjeras representa entre 30% y 50% de los costos totales de la industria», informó. «Creo que los proveedores -tanto los locales como los que emiten desde el exterior-van a tener que adaptarse a la nueva realidad argentina o quedar fuera del aire». De todos modos, reconoció, es de esperar «reemplazos» en las grillas: «Puede ser la oportunidad que más de un productor (que hoy no tiene espacio en la grilla) está esperando para ingresar al sistema», dijo.

Quienes se verían más afectados por la doble pinza del alto tipo de cambio y las restricciones a la importación serán los operadores de TV satelital, que necesitan traer desde el exterior decodificadores y antenas parabólicas «sí o sí». La industria del cable también necesita los «set-top boxes» para vender programación «premium» o «pago-por-ver», pero pueden seguir brindando el servicio básico sin estos aparatos.

El mercado de los artículos de limpieza e higiene personal está prácticamente en manos de dos grandes grupos,
Procter & Gamble y Unilever. Si bien ambos tienen plantas en el país, se estima que importan cerca de 50% de lo que venden. Así, shampúes, papas fritas en tubo, toallas higiénicas y pañales descartables se traen desde el exterior, y podrían subir de precio en proporción a la caída en el valor del peso. A menos, claro, que decidan fabricarlos en la Argentina -lo que, desde ya, no sucederá de la noche a la mañana-. Ninguna de las dos empresas hizo comentarios sobre sus planes futuros.

En el mercado de la cerveza, en cambio, hay más jugadores pero uno de ellos (
Quilmes) tiene una participación del mercado cercana a 65%. Un rumor recogido en el mercado indica que algunos distribuidores de la empresa de la familia Bemberg «tocaron» sus precios hacia arriba durante el fin de semana pasado, pero fueron obligados por la cervecera a retrotraerlos a los valores anteriores. Una de sus competidoras, la alemana Isenbeck (8% del mercado) informó a través de su CEO Juan Pablo Piccardo que habían convenido con sus proveedores «absorber los mayores costos para mantener el precio de venta». El ejecutivo dijo que «la malta, si bien es nacional, tiene precio globalizado; en cambio la hojalata que se usa para las tapas viene de Brasil y el papel de la etiqueta (que es especial, porque es resistente al agua) de Bélgica. Estamos trabajando con proveedores locales para producir el papel acá, pero con la hojalata me parece más difícil de lograr». El impacto de estos componentes en el precio al público, dice Piccardo, rondaría «entre 15% a 20%, pero vamos a evitarlo con mayor eficiencia y repartiéndolo entre nosotros, proveedores y distribuidores».

Las grandes cadenas de supermercados tienen sus marcas propias, que en muchos casos se nutren de productos importados.
«Le diría que en alimentación no llega a 10%, pero aclarando que casi todos ellos tienen componentes importados», dice un alto ejecutivo de una empresa del sector. «¿Qué pasará cuando haya que reponer palmitos importados de Brasil, té inglés o bananas ecuatorianas? El mercado nos dirá si está dispuesto a pagar el sobreprecio de 40% que inevitablemente habrá que aplicar. Hoy aventurar qué va a pasar es hacer futurología, pero también es cierto que en el actual marco recesivo no parece haber demasiado lugar para esa clase de 'lujos'. O sea, aumentos va a haber, pero no necesariamente generalizados ni tampoco profundos.»

Habrá que hacerse a la idea de que los artículos electrónicos que se vean en las estanterías de los hipermercados y casas especializadas serán menos, menos modernos y más caros. «Acá no hay substitución de importaciones posible: a nadie se le ocurre fabricar DVD o procesadores para computadoras en la Argentina por una sencilla cuestión de escala. Las cosas aumentarán al ritmo del dólar 'libre', y será difícil surtirse por las dificultades que habrá para importar», decía, preocupado, un fuerte empresario del sector.

¿Habrá una resurrección de la ropa nacional? En los últimos años tanto el sector textil como el de la indumentaria prácticamente desaparecieron. Y si bien el encarecimiento de la mercadería importada será fuerte, la suba del tipo de cambio todavía no parece ser una barrera suficientemente alta para impedir el ingreso de ropa «trucha», de contrabando o a precio de dumping.

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