9 de julio 2001 - 00:00

Sólo 24 horas duró afecto por Cavallo

No fue la gripe lo que hizo virar el ánimo de Raúl Alfonsín hacia Domingo Cavallo sino su resistencia a dejarse arrastrar por las picardías de algunos de sus correligionarios. La semana anterior había sido noticia el ex presidente por haber descubierto un nuevo Cavallo («Ha cambiado, no es el mismo de antes», concedió almorzando con Mirtha Legrand; repitió lo mismo en su columna de América 2). El sábado, en cambio, tomó distancia de los planes del cavallista Osvaldo Giordano y, enfurecido como pocas veces, desmintió el anuncio de que se reuniría con el ministro de Economía para hacer las paces. Quebró su convalecencia de la gripe que se ganó en Portugal para dar dos reportajes por teléfono donde bramó que «el país necesita aumentar el gasto social», frase que para los mercados es una caricatura del pensamiento alfonsinista.

Alfonsín
reaccionó con lo que peor hace, que es hablar de economía en tiempos de crisis, porque se sintió de nuevo víctima de una manipulación de sus propios socios del gobierno, a quienes imaginó en esta película:

* Alfonsín
entiende que los amanuenses del gobierno, encabezados por Juan Pablo Baylac, lo quieren hacer aparecer como un avalista incondicional del nuevo Cavallo. Eso lo fuerza el gobierno haciéndolo participar de un debate con Cavallo sobre el gasto de la ANSeS y PAMI en el cual el ex presidente va a terminar cediendo para no echar más nafta al fuego de la crisis. Atribuye a esa intención de arrinconarlo que el miércoles le cambiasen la sede del almuerzo con el presidente en Olivos (adonde estaba programado originariamente) a la Casa de Gobierno.

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Más lo irritó cuando la cita a solas con el Presidente se convirtió en una peña que sumó a Nicolás Gallo y a Chrystian Colombo. El colmo, le confesó Alfonsín irritado a sus íntimos, fue cuando lo llevaron del brazo a la sala de conferencias para una rueda de prensa donde cree esperaban que ratificase su renovado afecto por el renovado Cavallo. Tan mufado estuvo en esa oportunidad que terminó abruptamente el diálogo con un cronista a quien llegó a amenazar con el Código Penal por haberse interesado sobre un eventual adelantamiento de las elecciones.

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Con el paso de las horas este paquete de gestos extraños cobró el perfil de una conspiración para Alfonsín; fue cuando leyó en algunos diarios que Cavallo se reuniría con él para acordar la política en la ANSeS y en el PAMI. Sabe que para el cavallismo la solución al déficit consiste en desalojar a los gerentes avalados por el ex presidente. Ya le han rebanado del PAMI a Federico Polak y ve rodar la cabeza en la ANSeS del radical Rodolfo Campero. Reunirse con él significa sobrepasar el límite que se ha impuesto el ex presidente: apoyar a Cavallo con el silencio y mientras aporte algo; o sea no pegarse nunca a sus ideas y menos a sus problemas.

* Alfonsín
dice haber medido la violencia de sus palabras en consulta directa con sus economistas de cabecera. En la mañana del sábado, antes de su ira pública, el ex presidente recibió en su casa de la avenida Santa Fe a Juan Vital Sourrouille y a Mario Brodersohn. Acomodados los dos economistas en sendas camperas impermeables de gabardina clara le explicaron a su jefe las alternativas que tiene de éxito el plan Cavallo (algo que dice Alfonsín que nunca vio). Cuando escuchó lo que escuchó decidió tomar distancia del destino de Cavallo.

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Para no ser agorero en economía, el cacique radical eligió una justificación de honda raigambre política, como es la estrategia electoral para la provincia de Buenos Aires. Alfonsín cree que tanto anuncio de pacto con Cavallo esconde una táctica de Olivos urdida por los asesores de prensa que vienen de la provincia de Buenos Aires (es decir Baylac) para sumar candidatos del cavallismo a las listas de la Alianza. Ese pergeño respondería a una lectura lineal de las encuestas: sumando la intención de votos de Alfonsín a la del partido de Cavallo la Alianza empata con la lista de Duhalde. Si, sueñan en Olivos, Alfonsín se abraza con Cavallo, bingo, le ganamos a Duhalde.

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La respuesta del ex presidente a esa quimera es simple: la cercanía de Cavallo es una tumba electoral. Alfonsín repite que todas las señales que le llegaron de la campaña electoral para la interna entre su hijo Ricardo y el trío Storani-Moreau-Casella indican que el nombre del ministro levanta iras entre los radicales. A esta inconveniencia política se agrega la imposibilidad formal de sumar hoy nombres a las listas de la Alianza. Lo que tiene resuelto la Convención de la UCR es mezclar los nombres que surgieron de la interna que le ganó Leopoldo Moreau a Alfonsín (h) con los del Frepaso. Imposible que se reúna otra vez ese cuerpo para abrirles la puerta a los cavallistas. La naturaleza piantavotos de Acción por la República la probó, creen los alfonsinistas, la rapidez con que Eduardo Duhalde también les cerró el paso en sus listas de candidatos.

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