10 de diciembre 2001 - 00:00

Sólo 25% del déficit lo generan provincias

Sólo 25% del déficit lo generan provincias
«En 1994 la mitad del déficit fiscal del país la generaban las provincias. Hoy las provincias explican sólo 25% del déficit y el resto lo explica la Nación». En esos términos, el ex secretario de Programación Económica y Regional y actual asesor provincial, Rogelio Frigerio (nieto), minimizó la responsabilidad provincial en el abultado desequilibrio de las cuentas públicas del país y recordó que desde 1993 las provincias se hicieron cargo de la prestación de servicios públicos como salud, educación y seguridad sin recibir recursos adicionales de la Nación.

En medio de la crisis que atraviesa el país, Frigerio dialogó con Ambito Financiero y aclaró que desde que se estableció la suma fija para enviar a provincias, la Nación se benefició con $ 1.200 millones adicionales que debieron haberles correspondido a las provincias. «La Nación debió haber guardado para épocas malas», dijo el economista.

Partidario de una nueva ley de coparticipación donde las provincias tengan más responsabilidad en la recaudación, Frigerio consideró positivos los bonos provinciales, siempre que sean para amortiguar situaciones sociales graves, pero «nocivos y peligrosos si se usan para escaparse del déficit cero». El siguiente fue el diálogo mantenido con este diario:

P.: ¿Cuánto hay de cierto en el prejuicio de que las provincias son bolsones de gasto infinito?


Rogelio Frigerio III:
La verdad es que son pocos los que pueden sacar chapa de ser buenos administradores del gasto público. Pero también hay provincias que supieron mantener sus economías a salvo. En 1994 el porcentaje que les correspondía a las provincias en el total del déficit era de 50%. Hoy es de 25%, y el resto del déficit se explica por la Nación.

P.: ¿Quién se portó mejor o peor?

R.F.: (ríe) Hay dos o tres provincias que pueden explicar todo el déficit consolidado. No las voy a mencionar.

P.: Pero todas están endeudadas...

R.F.: Muy endeudadas pero la mayoría tiene además superávit primario.

P.: La Nación también...

R.F.: Pero no tan marcado como las provincias...

P.: ¿A qué provincias les va peor?

R.F.:
A las provincias que tienen servicios de deuda mucho más elevados que la Nación. Por eso necesitaban tanto el canje de deuda, quizá más que la Nación, que tuvo los beneficios ya del megacanje y del blindaje. Hoy para las provincias déficit cero significa superávit fiscal para poder hacer frente a los vencimientos de la amortización de capital. Por eso las provincias endeudadas fueron las primeras en firmar el acuerdo.

P.: ¿Qué explica que las tasas que pagan las provincias sean tan altas si se avalan con fondos de coparticipación?


R.F.:
Nunca ha habido relación lógica entre esas tasas altas y la calidad de la garantía. La garantía de coparticipación es más fuerte que la que puede dar la Nación. Pero no hubo muchas entidades interesadas en prestarles a las provincias. Cuando hemos tratado de abrir el juego a bancos del exterior tuvimos dificultades, nos costó explicarles el mecanismo de coparticipación.

P.: En realidad, el endeudamiento y los bonos en las provincias empieza en 1994. Hasta entonces no venían tan mal las cosas...


R.F.:
A partir de 1993 arranca un proceso de descentralización de responsabilidades hacia las provincias, que empiezan a encargarse de la prestación de prácticamente todos los servicios públicos, salud, educación y seguridad. Pero eso no fue acompañado de una transferencia de recursos adicionales. Aumentan los gastos para las provincias pero sin que la Nación aumente los recursos. La Nación decía que, como estábamos en un contexto de crecimiento de la economía, eso por sí mismo transfería riqueza a las provincias. Pero el contexto cambió en 1995 con el efecto tequila. Y ahí empiezan los problemas.

P.: Y ahí comienzan los auxilios...

R.F.:
Sí. Mientras las provincias más endeudadas se financiaron con el fondo fiduciario, no había mayores problemas. Cuando se terminó eso, fue determinante.

P.: ¿Cuándo se termina?

R.F.:
Cuando se dispara el riesgo-país y se cierran los mercados, después de lo de López Murphy.

P.: Pasado el debate sobre el último pacto que se firmó, la pregunta es: ¿la Nación podía cumplir con el piso de coparticipación comprometido por Machinea, como pedían los gobernadores?


R.F.:
No podía pero tampoco es cierto el argumento de Cavallo de que no podía cumplir porque no tenía acceso al crédito. Porque en ningún lugar del pacto decía que si la Nación no podía llegar a la suma fija tenía que endeudarse.

P.: ¿Qué podía hacer si no recaudaba?

R.F.:
Durante un año y medio a la Nación le fue bien con el piso porque ganó $ 1.200 millones adicionales. Entonces debió haber tomado las previsiones del caso y guardarse esos ingresos extra por si venían las cosas mal, o se encaraban las cosas de manera distinta. Ahora la Nación no les manda lo que se pactó a las provincias, pero cumple con el pago de sueldos al día. Las provincias, en cambio, no reciben los fondos y no tienen la plata para pagar.

P.: Es una nueva ley de coparticipación. ¿Qué incluiría usted en el proyecto?


R.F.:
Primero hay que ir a un esquema de corresponsabilidad fiscal. Que quienes gastan en los niveles inferiores de la administración (provincias, municipios) tengan más responsabilidad en la recaudación. En eso hay coincidencias. Hay que empezar con los impuestos patrimoniales, Bienes Personales, quizá Ganancias, a las personas físicas. Pero siempre con un esquema de transición.

P.: ¿Cuánto puede mejorar la capacidad de recaudar en esos niveles más bajos?


R.F.:
La verdad es que se cobra muy poco de un impuesto que se podría recaudar rápido y bien, que es el Impuesto Inmobiliario, por parte de los gobiernos provinciales y municipales. En los Estados Unidos ese impuesto solo es el que financia prácticamente toda la enseñanza básica.

P.: ¿Qué opina de los bonos provinciales?

R.F.:
Me parecen positivos como una forma de amortiguar situaciones sociales graves, y más en este contexto de deflación. Si es un mecanismo para escaparse del déficit cero es algo nocivo y peligroso.

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