El convoy bursátil del mundo ayer tomó distintos desvíos, unas mejor, otras mal, algunas solamente estables: la Bolsa de Buenos Aires entró en el último conjunto, algo que salta a la vista con el indicador de precios concluyendo casi idéntico al anterior, apenas con una diferencia de 0,15% en contra y desechable para cualquier conclusión. Una rueda «de mantener» posiciones, con incertidumbre que se adueñó de los finales de marzo y donde tanto se involucran asuntos serios del exterior, como alguna turbulencia local en diversas direcciones. Todo contribuyó primero a que la jornada se viera nuevamente desmoronada en cantidad de órdenes, esta vez sin predominio de las fuerzas, sino con el marcado desinterés por tomar posiciones o dejarlas.
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La velocidad promedio de los $ 70 millones, aptos para dar cierta agilidad de ida y vuelta, se comprimió a no más de unos $ 53 millones de efectivo para acciones: con suba en los certificados y que reunieron casi $ 22 millones. Siderar repitió una baja de intensidad, otro 3%, quedando aislada del resto y que se movió nada más que entre el medio y uno por ciento con signos variados. Ciertamente, una fecha donde no valió la pena ni encender luces de recinto, ni terminales, porque la abulia ganó el ambiente de la Bolsa de Buenos Aires. El Merval tuvo mínimo en 1.243, levantado hasta máximo de 1.264, con cierre en sobrio nivel de 1.257 puntos.
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